Los probióticos son microorganismos que una vez consumidos permanecen activos en el intestino y ejercen efectos fisiológicos beneficiosos.

En el Volumen 16. Número 3. Julio-Septiembre del 2012 de la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética, hay un editorial sobre el tema escrito por la prestigiosa y reconocida Dietista-Nutricionista Iva Marques-Lopes (desarrolla su actividad profesional en la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte ( Huesca) de la Universidad de Zaragoza y que entre muchas cosas es conocida por ser la creadora junto al presidente de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas ( Guiseppe Russolillo) del conocido Sistema de Intercambios ® para la Confección de Dietas y Planificación de Menús.

Pues bien, dicho editorial se titula: “Probióticos y aumento del peso corporal en humanos: conclusiones precipitadas y no basadas en la evidencia científica.

A lo largo del editorial, la autora recuerda como en mayo del 2012 saltó a los medios (yo personalmente recuerdo como “corría la noticia por internet) el supuesto hecho de que al ingerir probióticos se podía fomentar la obesidad. Iva comenta en el editorial que ya en el 2009 hubo controversias sobre el tema (por unos comentarios realizados por un científico francés en una revista inglesa). Pero lo que hizo “saltar” el debate a los medios fue el hecho de que en mayo del 2012 se publicó un metaanálisis sobre el tema que al parecer tenía errores importantes (como mezclar estudios de animales y humanos).

Por otro lado, en este número (Julio-Septiembre 2012) de la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética se publica un artículo que lleva por título: “Efecto de los probióticos en el control de la obesidad en humanos: hipótesis no demostradas”. En este artículo (que sólo revisa artículos en humanos) los autores no apoyan la hipótesis anterior (que los probióticos pueden hacer ganar peso corporal) sino que que con el consumo de probióticos se puede modificar la microbiota humana y por tanto podría ser otra herramienta más para prevenir la obesidad.

En el editorial de la revista, la autora termina diciendo que parece existir una relación entre el peso corporal y la microbiota, pero que como no hay muchos estudios en humanos y de los que hay la mayoría son observacionales, no hay suficiente evidencia científica para concluir si el tipo de microbiota es la causa o bien la consecuencia de que se modifique el peso de la persona. Prueba de que no es tan fácil es que grupos de investigación diferentes han llegado a conclusiones diferentes. Y en este sentido para poder realizar conclusiones se requieren más y mejores ensayos clínicos.

Al margen de dicho interesante editorial la realidad es que los estudios acerca de los microorganismos presentes en el intestino y sobre su influencia en nuestra salud han tenido bastante relevancia en los últimos años. Hay numerosos estudios que relacionan determinadas cepas bacterianas con menor riesgo de tener cáncer, reducir el colesterol, mejorar las digestiones, disminuir la in tolerancia a la lactosa, mejorar el rendimiento deportivo, disminuir los síntomas de patologías digestivas… incluso hay estudios que las relacionan con diabetes, enfermedades autoinmunes, autismo, obesidad, alzheimer… Y al revés, otros tipos de microorganismos se relacionan con más riesgo de padecer ciertas enfermedades.

Pasa mucho en nutrición ( y en otros ámbitos de la vida), cuando algo nuevo sale hay un entusiasmo y fervor generalizado y parece que sirve para todo, pero cuando pasan los años se comprueba que puede que sea importante aquello a lo que se daba tanta importancia pero no tanto como se creía ni servía para tantas cosas como se creía.

Recuerdo los primeros estudios publicados en los que se relacionaba la obesidad con determinadas microbiotas. Se concluía en esos estudios iniciales que tener una determinada microbiota suponía un mayor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. A mí siempre me sorprendían esas conclusiones ya que a veces no valoraran la circunstancia de que fuera al revés, es decir, que dado de que las personas con exceso de grasa corporal suelen tener unos hábitos alimentarios menos saludables, y dado que el tipo de alimentación influye en el tipo de microbiota, que lo que ocurriera es que su tipo de microbiota estuviera condicionada por ese tipo de alimentación menos saludable.

Recuerdo haber ido a congresos en los que oí decir literalmente a ponentes que con un trasplante fecal ( consiste en «pasar» la microbiota que nos interesa de un huésped que la tiene a otro donde también la queremos implantar) se habían conseguido pérdidas de hasta 12 kilos de peso. Eso obviamente me resultaba a todas luces insólito y poco creíble, más bien me «sonaba» al típico sensacionalismo de algunas marcas de complementos o a la típica ilusión de algo nuevo que aparece antes de que la realidad ponga las cosas en su sitio. Años antes había escuchado cosas parecidas sobre la hormona leptina, sobre aciertos ácidos grasos….y al final quedó en agua de borrajas.

Posteriormente se publicaron estudios donde este hecho ( si los obesos tienen diferente microbiota y por eso son obesos o si por ser obesos y al comer diferente acaban teniendo una microbiota diferente) sí que era tenido en cuenta, y para ello se utilizó microbiota de gemelos ( en las que uno era obeso) implantándolas en ratones. Se vio que efectivamente la microbiota ayudaba a adelgazar. Pero se vio que esto era así si se seguían dietas normocalóricas o hipocalóricas, pero sino no. Quiere esto decir que entonces algo sí que influye la microbiota en el peso pero no tanto como algunos nos hacían creer ya que vemos como otros factores incluyen y mucho, por ejemplo la dieta ( como era de sentido común desde el principio).

Sobre esto que cuento se publicó un artículo recientemente en la revista Nature donde además de todo esto también se incidía que muchos estudios sobre microbioma se basaban en ratones sin gérmenes ( ya que así es más fácil instaurarles los microorganismos que deseamos) pero claro unos ratones sin gérmenes para nada representan un estado de normalidad ( tanto es así que sufren problemas de salud precisamente por este hecho) y por tanto es posible que no sirvan de ejemplo para predecir la respuesta que a la microbiota que se les implanta tendrían los ratones normales con microbioma normal. No sólo eso, sino que el microbioma de los roedores es bastante diferente a la del ser humano y quizás por tanto ( comenta el artículo) no sea extrapolable.

Quiere esto decir que la microbiota tiene su importancia, que seguro que influye en numerosos aspectos de nuestra salud y que puede tener un cierto efecto en el peso, pero que seguro que no sirve para todo, que no es mágica en ninguna situación y que es simplemente un factor más no EL FACTOR.

Por tanto todas esas empresas que se apuntan a vender ciertas bacterias probióticas con la publicidad de que nos harán deshacernos de todos esos kilos de más carecen de base científica para acreditar que efectivamente su producto cumpla lo prometido. Los milagros no existen.

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