Aparentemente, son cada vez más las personas que padecen intolerancias o alergias a determinados alimentos. ¿Es un problema inherente a la evolución social o siempre ha estado ahí pero no había diagnóstico? Nunca se había oído tanto hablar de niños con alergia al huevo, intolerancia a la lactosa… ¿A qué se debe?

En realidad lo que sucede es que toda la vida ha habido personas con problemas gastrointestinales, pero no eran diagnosticadas de ninguna patología. En la actualidad la atención sanitaria y las pruebas de diagnóstico han mejorado y, por tanto, se diagnostica a más personas cada día. En el caso de los niños la mayoría de expertos consideran que el incremento de alergias alimentarias se debe a un mayor acierto del alergólogo pediátrico en el diagnóstico.

No se trata tanto de un incremento de la incidencia como de la detección, que ha mejorado gracias a los servicios de alergología pediátrica. Se estima que uno de cada 50 niños sufre alergia a los alimentos vegetales. Los frutos secos y la fruta son el principal motivo de alergia alimentaria en niños de entre 5 y 15 años, aunque suele persistir hasta la edad adulta. Dentro de las frutas, la mayoría de las reacciones alérgicas se deben a las de la familia de las rosáceas como la manzana, la pera o el melocotón.

Esta problemática con los alimentos supone, sin duda, un obstáculo importante para el desarrollo de una vida normal, en la medida en que se deben tomar muchas más precauciones a la hora de comer, y el seguimiento de una dieta equilibrada. En materia de alergias e intolerancias, ¿es posible «prevenir mejor que curar» o, por el contrario, no hay nada que hacer en el ámbito de la prevención?

Sufrir alergias e intolerancias alimentarias no tiene por qué suponer un problema a la hora de llevar a cabo una vida normal y seguir una dieta equilibrada y saludable. Si hay una alergia o intolerancia a un determinado alimento, se pueden buscar alternativas que permitan que la dieta sea perfectamente equilibrada.

En cuanto a prevención, si bien no se puede prevenir la alergia, sí se pueden evitar los problemas de salud derivados de la ingesta del alimento al que se es alérgico. Lo que sí se puede hacer es permanecer atentos y ser capaces de detectar si el niño tiene algún problema o síntoma, ya que muchos niños están expuestos a sufrir reacciones alérgicas debido a una indebida falta de control de la dieta. En este caso, el alergólogo pediátrico es quien realizará un diagnóstico preciso que permita retirar de la alimentación del alimento perjudicial, evitando así problemas de salud.

¿Es lo mismo la intolerancia alimentaria que la alergia? ¿En qué se diferencian? ¿Puede considerarse que las alergias constituyen una «tara» de nuestro sistema inmunitario? ¿Qué diferencia existe entre la alergia a determinados alimentos y la alergia al polen o a los ácaros, por ejemplo?

Aunque a veces se utilizan como sinónimos, realmente no es lo mismo alergia alimentaria que intolerancia alimentaria. La primera hace referencia a la reacción del sistema inmune frente a un componente presente en un determinado alimento (muchas veces una proteína). La reacción del sistema inmune origina unos síntomas y eso puede derivar en problemas de salud. Un ejemplo sería la celiaquía, que es una alergia al gluten, una proteína presente en ciertos cereales como el trigo. La alergia al polen de las gramíneas, por ejemplo, también está provocada por la reacción del sistema inmune frente a alguna proteína presente en el grano de polen de dichas plantas. De hecho, los niños alérgicos al polen suelen tener también sensibilización a determinadas frutas (como el kiwi, por ejemplo), lo que se denomina reactividad cruzada. Esto se debe a que hay una similitud en la estructura molecular de ambas proteínas que provocan la reacción alérgica. El organismo no reconoce si esa sustancia que induce a la formación de anticuerpos, el antígeno, es de polen o de fruta. Por ello, la mejor forma de detectarlo es haciendo un diagnóstico molecular del paciente que determina el antígeno exacto, lo que evita falsos diagnósticos.

Por su parte, la intolerancia alimentaria hace referencia a la incapacidad de asimilar un determinado nutriente por algún déficit metabólico. Por ejemplo, en el caso de la intolerancia a la lactosa, existe un déficit en la producción de la enzima beta lactasa, de modo que no se puede descomponer la lactosa y eso acarrea problemas intestinales. Sin embargo, en este caso no hay una reacción del sistema inmune.

¿Cómo podemos saber si padecemos alguna alergia o intolerancia? ¿Existe algún tipo de prueba diagnóstica previa a su detección por la sintomatología, una vez ingerido el alimento que le provoca la alergia o la intolerancia al niño? Y, por el otro extremo, esta clase de trastornos ¿tienen cura o son para toda la vida?

Existen determinadas pruebas diagnósticas tanto para intolerancias (por ejemplo, el test de hidrógeno en aliento para comprobar si hay intolerancia a la lactosa) como para alergias alimentarias (existen pruebas diagnósticas para, por ejemplo, la celiaquía). Sea como fuere, ha de ser siempre un médico quien realice el diagnóstico. En muchas ocasiones, las alergias e intolerancias son para toda la vida, en otras, las intolerancias pueden ser reversibles (por ejemplo, en ocasiones, tras padecer alguna enfermedad intestinal puede surgir cierta intolerancia a la lactosa que tiempo después desaparece) e, incluso, puede pasar lo mismo con las alergias (algunos niños alérgicos a las proteínas lácteas pueden dejar de serlo con el tiempo).

Por otro lado, algunos especialistas hablan de la posibilidad de exponer directamente a los niños al alimento que les produce alergia. Algunos estudios (realizados con el huevo, por ejemplo) parecen indicar que alimentar a los más pequeños con mínimas cantidades de un alérgeno alimentario podría conllevar la tolerancia del mismo y, finalmente, la pérdida de la alergia. En todo caso, esto compete al médico especialista.

Muchas alergias e intolerancias se incuban durante los primeros meses de vida, ¿en qué medida puede influir la alimentación de la madre durante el embarazo en el desarrollo de futuras intolerancias en el bebé? ¿Existen determinados alimentos que deban evitarse durante los primeros meses de vida del niño para prevenir el desarrollo de alergias o intolerancias en el hijo?

Hay algunos estudios que sugieren que una dieta saludable en los primeros meses de vida es fundamental para evitar las alergias alimentarias que se desarrollan en edades posteriores. Según algunas investigaciones, los niños que consumen mayores cantidades de fruta, verduras y alimentos preparados en casa tienen, a los 2 años, muchas menos alergias que los que consumían a edades muy tempranas mayormente alimentos procesados.

Asimismo, la lactancia materna previene ciertos problemas de salud, entre ellos las alergias alimentarias. Por su parte, la introducción temprana de ciertos alimentos (especialmente los ricos en proteínas) se asocia con un mayor riesgo de sufrir alergias alimentarias.

Las pautas nutricionales del niño son especialmente importantes (sobre todo durante el primer año de vida) y vienen marcadas por las recomendaciones y/o publicaciones de diferentes instituciones y sociedades científicas como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) o el Comité de Nutrición de la Academia Europea de Pediatría y el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica (ESPGAN), y se adaptan a tres etapas bien diferenciadas:

  1. Un periodo lácteo, donde la leche es el único alimento. Dura desde el nacimiento hasta los 4-6 meses (siempre que sea posible, mejor lactancia materna).
  2. Luego hay un periodo de destete también llamado Beikost, donde se van introduciendo con prudencia alimentos no lácteos, en cantidad y consistencia adecuadas (todavía no hay una maduración digestiva, renal ni neuromuscular).
  3. Finalmente, hay un periodo de maduración digestiva donde la alimentación se debe adaptar a la capacidad digestiva y al estado de desarrollo fisiológico y neuromotor, introduciendo paulatinamente los alimentos (cereales, fruta, verduras, patatas, carnes…) uno a uno, en periodos pautados.

¿Qué alimentos son más susceptibles de provocar alergias e intolerancias y por qué?

Suelen ser los alimentos ricos en proteínas (ya que las proteínas son más susceptibles de provocar la reacción del sistema inmune, la producción de anticuerpos…). De hecho, es relativamente habitual la alergia a las proteínas de la leche de vaca, de la clara de huevo, del marisco, de los cacahuetes, del trigo, de la soja, del pescado y de las nueces.

¿Qué medidas deben llevarse a cabo en los colegios para evitar que se manifiesten reacciones alérgicas y de intolerancia alimentaria entre los alumnos? ¿Cuál es la normativa que regula las responsabilidades del centro escolar respecto a esta importante cuestión?

La norma regulatoria es la Ley 17/2011, de 5 de julio, de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Los comedores escolares están obligados por ley a adaptar sus menús para niños que requieren dietas especiales, como los alérgicos, e informar cada mes de los mismos a los padres. Sin embargo, no se les obliga a detallar la composición de todos los alimentos ni a seguir procedimientos que eviten la aparición de trazas alimenticias.

Por tanto, desde las asociaciones de madres y padres se puede y se debe, presionar para garantizar que los procedimientos garantizan la ausencia de trazas (caso, por ejemplo, de un plato de arroz «contaminado» con migas de pan para un niño celiaco).

Hay personas cuyas reacciones alérgicas se presentan de forma muy agresiva, pudiendo provocar incluso la muerte.  ¿Cuál debe ser el protocolo a seguir para evitarlo?

Los padres deben informar al colegio de cualquier alergia alimentaria del niño y de cualquier otro aspecto relacionado con alteraciones en su salud, patologías, etc. El menú del colegio debe estar revisado por un profesional sanitario especialista en nutrición que debe ser quien acredite qué tipo de alimentación (como variante al menú general) se debe dar a ese niño para que lleve una dieta equilibrada y saludable evitando los alimentos que le pueden causar problemas.

En caso de ingesta accidental de un alimento de este tipo (que se sabe que causa reacciones severas al niño) resulta vital acudir lo antes posible al servicio de Urgencias y en el caso de que sea la primera vez que lo manifieste llamar sin demora al teléfono de emergencias, 112.

¿Es posible tener una alimentación saludable y seguir una dieta equilibrada si se padece hipersensibilidad a determinados alimentos? Hoy en día existe la posibilidad de consumir lácteos sin lactosa o alimentos sin gluten, ¿existen más alimentos «alternativos» que permitan convivir mejor con la alergia a aquellos que la sufren?

Tener intolerancia o alergias a ciertos alimentos no tiene por qué suponer un riesgo nutricional ni derivar en que la alimentación del niño sea desequilibrada. Se puede (por poner el ejemplo de la enfermedad celiaca) seguir una alimentación muy variada y apetecible sin consumir cereales con gluten. No comer pasta no supone ningún riesgo nutricional, ya que se puede sustituir por arroz o maíz, por ejemplo. Además, hoy en día existen en el mercado alimentos alternativos libres de gluten, así como sin lactosa, etc.

¿Considera que los responsables de la alimentación (industria, hosteleros, responsables de comedor, etc.) están suficientemente concienciados de la importancia y el alcance de estas patologías? ¿Y la sociedad? ¿Cómo se puede transmitir la gravedad de los trastornos alimentarios para que entre todos podamos facilitar el día a día de aquellos que los padecen?

Las cosas han ido mejorando, y personalmente considero que donde más se nota es en la industria alimentaria, que está cada vez está más concienciada y donde es más frecuente que se elaboren alimentos sin gluten (no ya los que están en la sección de alimentos especiales, sino incluso alimentos «generalistas»), sin lactosa, sin azúcar… También la propia Administración se ha ido concienciando y, poco a poco, ha ido legislando, haciendo que los menús estén controlados por profesionales, etc. Los colegios también han evolucionado, y revisan sus menús por medio de profesionales. A la propia sociedad le preocupa, cada vez más, la relación entre alimentación y salud. Incluso en hostelería, es cada vez más frecuente encontrar alternativas para personas celiacas, obesas, etc., si bien es cierto que queda mucho por hacer. Considero que sería buena idea la presencia en hostelería de cartas con alérgenos y más alternativas para celiacos, pues haría la vida mucho más fácil a quienes padecen esta patología.

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