Importancia nutricional de los lácteos:

Tal como indica la Federación de Sociedades de Alimentación, Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) en el documento “Evidencia científica sobre el papel del yogur y otras leches fermentadas en la alimentación saludable de la población española” publicado en junio de 2013, los lácteos son una fuente fundamental de calcio y proporcionan entre el 55 y 70% del calcio dietético. No se puede negar que es posible cubrir las recomendaciones de calcio con una dieta libre de productos lácteos, pero la verdad es que la mayoría de los estudios indican que una dieta totalmente libre de lácteos dificulta cubrir las ingestas recomendadas de calcio en todos los grupos de edad y además se podría comprometer el aporte de otros nutrientes esenciales. Las proteínas de los lácteos son de un elevado valor biológico. Si se compara el perfil aminoacídico de la proteína láctea con el de la proteína patrón (que considera las necesidades de aminoácidos esenciales de niños de 1 a 3 años) se puede comprobar que la proteína láctea tiene todos los aminoácidos esenciales y además en cantidad superior al patrón.

Por tanto, lácteos sí.

Lácteos y peso corporal:

Hay muchas personas que dejan de tomar lácteos (incluso en sus versiones desnatadas) creyendo que el consumo de leche, yogures, quesos, etc. es responsables de su exceso de peso o que dificulta su pérdida de peso. Varias estudios observacionales y experimentales abordaron en el pasado el efecto del consumo de productos lácteos sobre el peso y la composición corporal pero los resultados no fueron del todo claros.

lacteos-perder-pesoRecientemente (2012) se publicó un metaanálisis que aborda este tema. En él se buscó la relación del consumo de productos lácteos respecto y su influencia sobre el peso corporal, masa grasa, masa magra y la circunferencia de cintura en adultos. Se realizó una búsqueda de artículos desde enero 1960 a octubre 2011. Tras comprobar los resultados se pudo ver que aumentar la ingesta de lácteos dentro de una dieta sin restricción de energía no afecta significativamente el peso, masa grasa, masa magra y a la circunferencia de cintura. Sin embargo, cuando hablamos de dietas con restricción de energía el consumo de más lácteos dio lugar a una mayor pérdida de peso, pérdida de grasa corporal, disminución de la circunferencia de cintura e incremento en la masa magra. Por tanto la conclusión es que un mayor consumo de productos lácteos sin restricción de energía no da lugar a un cambio significativo en el peso o composición corporal, mientras que la inclusión de los productos lácteos en las dietas de restricción energética de pérdida de peso afecta significativamente el peso, la masa grasa corporal, masa magra y circunferencia de cintura.

Aprovecho para recordar que ya comenté en el pasado en mi muro algunos metaanálisis que relacionaban una mayor ingesta de calcio con una mayor oxidación de las grasas (esto podría justificar por qué al ingerir más lácteos en una dieta hipocalórica se puede perder más grasa corporal). Sea como fuere, vemos que salvo que haya alergias a proteínas lácteas o intolerancias a la lactosa (hoy en día ya hay en el mercado productos lácteos sin lactosa, por lo que si somos intolerantes a la lactosa podemos tomar perfectamente leche sin lactosa, yogures sin lactosa y queso sin lactosa), dejar de consumir productos lácteos no tiene mucho sentido e incluso puede hacer (si estamos a dieta) que perdamos menos peso (al margen de que los lácteos son un grupo de alimentos cuya frecuencia de consumo recomendada de dos o tres raciones diarias). Eso sí, desde el punto de vista de la salud cardiovascular elegir las versiones bajas en grasa (desnatados, semidesnatados) es más interesante (al disminuir la ingesta de grasa saturada) y además así reducimos las kilocalorías ingeridas.

Por tanto: lácteos sí.

Leche y deporte:

Lacteos-hacer-deporteSalvo que se sea intolerante a la lactosa o que se sea alérgico a las proteínas lácteos no ningún motivo para no tomar lácteos y muchos para tomarlos (no sólo por su contribución a la densidad ósea). En deportistas también. La leche, por su alto contenido en agua puede servir de ayuda en la hidratación,  puede mejorar la resistencia física (tiene un 5% de hidratos de carbono en forma de lactosa)y puede favorecer la recuperación de la masa muscular (tiene proteínas de elevado valor biológico). Existen evidencias para recomendar la leche desnatada (o parcialmente desnatada) como parte importante de la dieta del deportista. Estas referencias que menciono pueden encontrarse en el documento de consenso “Importancia Nutricional y Metabólica de la Leche” en la que han intervenido varias universidades y varias sociedades científicas.

Por tanto lácteos sí.

¿Leche y más mucosidad? ¿Es posible?

Personalmente el consumo de lácteos no me produce flemas en las vías respiratorias, ni ningún otro problema relacionado. Asimismo en mi entorno más cercano (familia y amigos) tampoco conozco casos. Sin embargo, algunas personas (son pocas pero algunas en la consulta me lo han dicho) «juran y perjuran” que al tomar lácteos tienen más flemas en las vías respiratorias y que al dejar de tomarlos estas desaparecen. ¿Puede que haya algo de cierto? Si algunas personas, aunque sean pocas, insisten en que esto les ocurre de verdad, ¿es posible que haya una explicación científica?

Está claro que un aumento en la producción de flemas al ingerir leche es difícil de explicar por una reacción alérgica a las proteínas lácteas (ya que esta asociación no puede ser explicada, según algunos autores, mediante un proceso alérgico convencional) o por intolerancia a la lactosa (la intolerancia es causada por un déficit de producción o por la no producción de la enzima lactasa, con lo cual los efectos pueden ser molestias gastrointestinales, diarreas, flatulencias… pero no flemas en las vías respiratorias). Por lo tanto, ni las alergias a las proteínas de la leche (poca gente las sufre) ni la intolerancia a la lactosa (es más habitual que la alergia a la proteína láctea) podrían, en principio, explicar este efecto. Al margen de esto, si nos atenemos a la bibliografía científica, a día de hoy no se puede concluir que la ingesta de leche pueda provocar un aumento de la mucosidad en las vías respiratorias. Sin embargo, a pesar de las evidencias científicas, las personas que dicen padecer el problema insisten en estos síntomas. Entonces, ¿existe algún mecanismo que podría explicar que, en algunas personas concretas, al tomar leche se incremente la producción de flemas en las vías respiratoria? Veamos.

lacteos-mucosidadUn artículo científico publicado en 2010 aborda este tema. En dicho artículo se indica que la beta-casomorfina (derivada de la descomposición de la leche rica en Betacaseina A1) estimula la producción de mucosidad regulada por los genes MUCAC. Dado que existen enfermedades del tracto respiratorio en las que hay una sobreproducción de moco por estímulo de los MUC5AC en el propio tracto, los autores del artículo hipotetizaron que es posible que cuando consumimos leche con Betacaseína A1 al producirse (fruto de su descomposición) beta-casomorfina, ésta podría pasar a la sangre y estimular la producción y secreción de moco a partir de estas glándulas respiratorias.

Pero podríamos preguntarnos que por qué no le pasa a todo el mundo. En primer lugar, hay que consumir leche rica en Betacaseina A1 (esto varía con la composición genética de cada raza vacuna. Por ejemplo, la mayoría de las vacas de raza «Guernesey» producen leche rica en A2 y muy escasa A1. La raza «Red Danish» por el contrario produce leche rica en beta-caseína A1). En segundo lugar la beta-casomorfina tiene que ser producida (fruto de la descomposición de la leche) en cantidades significativas, pasar a la circulación, y de ahí a los tejidos donde tiene que activar la producción de moco en las glándulas. Vemos que influyen el tipo y la cantidad de leche, la variabilidad genética interindividual (capacidad para producir beta-casomorfina, capacidad para absorberla, cantidad que llega a los tejidos por la circulación sanguínea, sensibilidad de las glándulas productoras de moco del tracto respiratorio a la beta-casomorfina, etc.). Esto podría explicar por qué sólo un subgrupo de la población, que ha aumentado la producción de moco del tracto respiratorio, encontrará que muchos de sus síntomas, como el asma, mejoran en una dieta de eliminación lácteos y por qué la inmensa mayoría de las personas (como yo mismo), por muchos lácteos que tomen, no notan un aumento en la mucosidad en las vías respiratorias. En cualquier caso es simplemente una hipótesis sugerida por los autores del artículo.

Por tanto lácteos sí.

Leche, asma, resfriado:

Ahondando más en el tema anterior de leche y flemas e incorporando su relación con asma y resfriados, hay bastantes estudios antiguos y recientes. En un estudio de los 90 en que los sujetos tomaban entre cero y once vasos de leche al día, y además eran expuestos a rinovirus, no se puedo detectar ninguna asociación entre leche y flemas y los autores concluyeron que no hay asociación global estadísticamente significativa que se pueda detectar entre la ingesta de productos lácteos y los síntomas de la producción de moco en adultos sanos, y en infección por rinovirus (sea sintomática o asintomática).

Sin embargo, y a título anecdótico, los participantes de este estudio antes de comenzarlo respondieron un cuestionario y el 27,5% de ellos indicaba que cuando tenía resfriado reducían el aporte de lácteos. Además, el 80% de ellos lo hacía porque creían que tomar leche produciría más mucosidad y flemas; y, aunque estaban convencidos (obviamente basándose en lo que habían oído o en los que creían sus experiencia personal), al realizar el estudio se vio que su creencia era errónea. Como vemos, las experiencias personales o puntuales son bastante subjetivas.

niños-lacteosUna revisión del 2005 sobre el tema concluyó que la ingesta de leche no se asoció con un aumento de las secreciones nasales, los síntomas de la tos, síntomas nasales o congestión. Sin embargo, las personas que creen en la teoría de que beber leche produce moco presentan más síntomas respiratorios después de beber leche, lo que parece indicar de nuevo que la sugestión pudiera influir. En este revisión se aborda también el tema de que en algunos tipos de medicina alternativa a las personas con asma bronquial se les recomienda no consumir lácteos. Pero como se comenta en el artículo, el consumo de leche no parece agravar los síntomas del asma y no hay una relación entre el consumo de leche y la aparición de asma (salvo en personas alérgicas a las proteínas lácteas que obviamente no la tomarán).

Tan generalizada está la creencia que hay padres cuyos niños tienen asma y que les eliminan o restringen la leche creyendo que empeorarán por mayor producción de moco. En el año 2012 se publicó un artículo científico sobre el tema en el que los autores concluyeron que no se debía ni eliminar ni restringir la leche por esta creencia y que estos niños debían tomar la misma leche que cualquier otro niño.

Por tanto, lácteos sí

¿Los mamíferos adultos no toman leche?

Algunas personas son contrarias al uso de los lácteos dentro de una dieta equilibrada y utilizan para ello diferentes razonamientos. Algunos de ellos ya los he citado en el pasado y otros los iré citando, pero en este caso me voy a referir a uno concreto: «No tomes leche porque no es natural. Los mamíferos adultos no vuelven a tomar leche después del destete, sólo el hombre lo hace. Por tanto, tomar leche una vez en la edad adulta no tiene sentido y es antinatural».

mamiferos-adultos-leche-Siguiendo este argumento y con una base similar a eso podríamos decir que ningún mamífero toma carne asada, zumo de manzana, lentejas estofadas, pan integral, etc. Por tanto podríamos pensar que tomar todo esto no es natural ya que ningún mamífero lo toma.

Obviamente, ningún mamífero lo toma porque ninguno tiene acceso a carne asada o a paella de la misma manera que ningún mamífero adulto tiene acceso a leche. Sin embargo, si en un caldero dejamos leche o unos trozos de queso o yogurt veremos como un perro, un gato, un zorro o un tigre lo consumen con total satisfacción. Es más, quien esté acostumbrado a tratar con animales verá como los cuervos o los loros, por ejemplo (que son aves y ni siquiera mamíferos, por lo que no han probado los lácteos en su vida), consumen encantados trocitos de queso o de yogurt.

Por tanto, lácteos sí.

Además: Si tienes intolerancia a la lactosa, lácteos sí: existen muchos productos sin lactosa, y sólo cuando hay una alergia a las proteínas lácteas (un porcentaje muy bajo de la población) es cuando no se pueden tomar lácteos.

La alergia alimentaria y la intolerancia alimentaria no deben confundirse, aunque a veces se utilicen como sinónimos. La primera hace referencia a la reacción del sistema inmune frente a un componente presente en un determinado alimento (muchas veces una proteína). La reacción del sistema inmune origina unos síntomas y eso puede derivar en problemas de salud. Un ejemplo sería la celiaquía, que es una alergia al gluten, una proteína presente en ciertos cereales como el trigo. La alergia al polen de las gramíneas, por ejemplo, también está provocada por la reacción del sistema inmune frente a alguna proteína presente en el grano de polen de dichas plantas. De hecho, los niños alérgicos al polen suelen tener también sensibilización a determinadas frutas (como el kiwi, por ejemplo), lo que se denomina reactividad cruzada. Esto se debe a que hay una similitud en la estructura molecular de ambas proteínas que provocan la reacción alérgica. El organismo no reconoce si esa sustancia que induce a la formación de anticuerpos, el antígeno, es de polen o de fruta. Por ello, la mejor forma de detectarlo es haciendo un diagnóstico molecular del paciente que determina el antígeno exacto, lo que evita falsos diagnósticos.

Por su parte, la intolerancia alimentaria hace referencia a la incapacidad de asimilar un determinado nutriente por algún déficit metabólico. Por ejemplo, en el caso de la intolerancia a la lactosa, existe un déficit en la producción de la enzima beta lactasa, de modo que no se puede descomponer la lactosa y eso acarrea problemas intestinales. Sin embargo, en este caso no hay una reacción del sistema inmune. Cuando hay una alergia a las proteinas lácteas entonces sí interviene el sistema inmune.

 

 

 

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