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La diabetes tipo 2  es una patología que se caracteriza por ser un trastorno metabólico que provoca una elevación de los niveles de glucosa en sangre y que viene derivada de una resistencia a la hormona insulina y una falta ( relativa) de dicha hormona.

Nueve de cada diez casos de diabetes corresponden a la diabetes tipo 2 y esta enfermedad se relaciona con la obesidad ( aunque bien es cierto que debe de haber cierta predisposición genética). Precisamente por el gran incremento de personas obesas esta enfermedad se ha disparado. La relación entre el exceso de grasa corporal y la diabetes tipo 2 está bien definida en cualquier franja de edad. Un obeso tiene 3 veces más de probabilidades de sufrir diabetes tipo 2 que un no obeso. Un aumento de más de 4 kilos y medio de peso después de los 18 años duplica el riesgo de padecer diabetes tipo 2. No solamente influye la cantidad de grasa, sino también donde está localizada. Así la obesidad debida a un acúmulo de grasa en el tronco es más perjudicial. La pérdida de grasa es efectiva para mejorar la tolerancia a la glucosa y la resistencia a la insulina.

Lo mejor es la prevención, y por ello y dado que el exceso de grasa corporal se produce por un desequilibrio de la balanza energética, el fomento de la actividad física y unas pautas dietéticas adecuadas permiten en gran parte prevenir dicha patología. Efectivamente, es interesante realizar actividad física, seguir una dieta equilibrada y basada en la pirámide alimentaria mediterránea y mantener un peso saludable.  Por otro lado, cada vez hay más evidencia científica de que el consumo de lácteos ( especialmente el yogur) se relaciona con un menor riesgo de padecer diabetes tipo 2 y también hay cierta evidencia de que una dieta rica en antocianinas (presentes en ciertas frutas) puede tener un cierto efecto preventivo así como una dieta rica en verduras de hoja verde y también la restricción del consumo de bebidas azucaradas.

Cuando una persona es diagnosticada de diabetes tipo 2, se recomienda por tanto (cuando hay exceso de peso) que reduzca su peso corporal regulando su ingesta calórica y que incremente su actividad física y es frecuente que de esta forma la enfermedad pueda ser controlada pero en ocasiones es necesario utilizar fármacos como la metmorfina o incluso pueden llegar a necesitar insulina. Es importante un buen control de la enfermedad porque la hiperglucemia mantenida en el tiempo puede provocar daños renales ( enfermedad renal crónica), en la retina ( retinopatía diabética), neuropatías, mala circulación en las extremidad ( puede llevar a amputaciones..) etc… Una vez instaurada la diabetes, la realidad es que la alimentación es vital en el cuidado y el manejo de la enfermedad y de hecho  constituye un pilar fundamental  para en el  control de la patología. El diabético debe mantener los niveles de glucosa dentro de los límites adecuados y para ello debe “jugar” con la alimentación, la actividad física y con la medicación. Como la diabetes es en sí misma un factor de riesgo cardiovascular, las personas diabéticas deben normalizar sus niveles de colesterol y triglicéridos y mantener controlada la tensión arterial.

La dieta debe aportar las calorías necesarias para mantener el peso ( si éste es adecuado) o reducirlo ( si hay exceso de peso) pero esto no está reñido con una dieta variada y equilibrada con una ingesta y reparto de macronutrientes más o menos similar a la población normal. Una dieta rica en fibra, baja en sal, reducida en grasas saturadas pero con una cantidad apropiada de grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas etc… es la recomendada. Los diabéticos tipo 2 no tienen por qué dejar de tomar hidratos de carbono ( de hecho deben de tomar más o menos la misma cantidad que una persona sin la patología)  aunque deben  repartir los “bloques” de hidratos de carbono de forma adecuada, consumir el tamaño de ración adecuado, evitar los azúcares simples y elegir fuentes de hidratos de carbono como cereales integrales, legumbres…cuyo índice glucémico es más bajo y ayuda a controlar los niveles de glucosa en sangre. Algunos alimentos ( como es el caso de la canela o la fibra de avena, por su riqueza en betaglucano) pueden ayudar a controlar la glucosa o tener un pequeño efecto  hipoglucemiante.

Muchas veces los diabéticos tienen problemas a la hora de comer fuera de casa y no saben muy bien qué elegir para no disparar sus niveles de glucosa en sangre. El hecho de que fuera de casa sea más difícil calcular el tamaño de la ración, de que muchos platos llevan almidones o azúcares en sus salsas, de que es frecuente que haya alimentos empanados y rebozados etc… puede dificultar sus decisiones a la hora de elegir un plato. Para ello, voy a ofrecer un ejemplo de 5 platos que puede ser adecuados en bares o restaurante y que puede permitir hacer el verano más llevadero ( no en vano en esta estación son más frecuentes las comidas fuera de casa).

  • Un plato de jamón ibérico o cecina o lomo embuchado es una buena opción ya que estamos ingiriendo una fuente de proteínas de calidad, baja en grasa saturada ( y en el caso del jamón ibérico rica en grasa monoinsaturada) y con aporte de minerales como hierro. Si bien es cierto que su contenido en sodio es significativo si el resto del día y de los días regulo la ingesta de sal no tiene por qué suponer un problema. Permite mantener los niveles de glucosa bajo control.
  • Un plato de ensalada mixta ( verduras-hortalizas con atún, huevo cocido) también puede ser una buena opción para no preocuparnos porque se dispare la glucosa.
  • Mejillones en vinagreta, almejas al vapor, pulpo a la parrilla, chipirones o calamares a la plancha, gamba o langostino a la plancha, mariscos cocidos, navajas a la plancha…son algunos ejemplos de raciones que puede consumir y compartir un diabético sin preocuparse por sus niveles de glucosa.
  • Pescados al horno o a la plancha o a la parrilla acompañados de verduras-hortalizas son una opción saludable que tampoco altera los niveles de glucosa.
  • Pollo al horno, plancha o parrilla, solomillo de ternera o cerdo a la plancha o parrilla, conejo al horno o a la parrilla… acompañados de verduras-hortalizas son alguna otra opción que se puede consumir con tranquilidad fuera de casa sin la preocupación de que se eleven los niveles de glucosa.

Dado que habitualmente todas estas personas consumen en casa platos de legumbres, cereales etc… y por tanto el no aportar hidratos de carbono al mediodía en estas comidas fuera de casa pueden reducir en demasía sus niveles de glucosa ( sobre todo cuando ingieren fármacos) puede ser interesante incluir una pequeña ración de pan, arroz, pasta o patata. Sin embargo como la patata tiene un elevado índice glucémico y como será difícil que fuera de casa dispongan de pan integral, arroz integral o pasta integral ( y las versiones “refinadas” tienen un elevado índice glucémico) es importante que la ración ingerida sea pequeña para no disparar los niveles de glucosa.

Un ejemplo de 5 platos que no serían muy convenientes sería el siguiente:

  • Pasteles salados de hojaldres como pastel hojaldrado de carne. La masa hojaldrada rica en harinas refinadas, azúcares y grasas saturadas no es nada conveniente para un diabético.
  • Una comida a base de canapés no es la más indicada porque la ingesta total de hidratos de carbono simples ( la base del canapé es pan “refinado” pero además muchos canapés llevan siropes, miel, mermelada, azúcares, mucha grasa saturada…).
  • Las empanadas están elaboradas con harinas refinadas y por tanto tampoco son la mejor opción para los diabéticos.
  • Los bocadillos fueran de casa es difícil que estén elaborados con pan integral y el tamaño suele ser demasiado grande con lo cual se pueden disparar los niveles de glucosa en sangre.
  • Platos de guisos especiales en los cuales hay reducciones con vinos dulces o donde se añaden frutas desecadas ( como uvas pasas, ciruelas pasas, algún sirope) no son los más indicados para el diabético.

Respecto a los postres, yogures desnatados no azucarados o una porción de fruta natural son la mejor opción.

En cuanto a las bebidas, el agua, el agua con gas son las bebidas más recomendadas, pero refrescos libres de azúcares como gaseosa o refrescos zero también son opciones adecuadas.

Una infusión no azucarada también  es adecuada.

 

 

 

 

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