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El agua es indispensable para la vida, es esencial, entre otras muchas porque cosas todas las reacciones bioquímicas de nuestro organismo tiene lugar en medio acuoso. Vivimos gracias al agua y necesitamos ingerir agua a diario. Al igual que ocurre con los macronutrientes (proteínas, hidratos de carbono y grasas) y los micronutrientes (minerales y vitaminas), que se recomienda que sean ingeridos diariamente con el agua ocurre lo mismo.

El agua es el nutriente más importante y sin su presencia en nuestro cuerpo se puede producir una muerte más rápida que si nos falta cualquiera de los otros nutrientes. Debemos tener muy en cuenta la hidratación: tomar suficiente agua e ingerir alimentos en los que este indispensable elemento esté presente. Las frutas, verduras y hortalizas, por ejemplo, son muy ricas en agua. Estamos contribuyendo a nuestra hidratación cuando ingerimos infusiones, sopas, cremas, caldos o purés cuando tomamos agua con los alimentos (arroz caldoso, por ejemplo). Aunque la forma básica de hidratarse debe ser la ingesta de la propia agua.

Minerales y su importancia

Los minerales no son sintetizados por el organismo humano, solo pueden ser ingeridos por medio de su presencia en el agua o en los alimentos. Es decir, proporcionamos minerales a nuestro cuerpo al ingerir agua o cuando tomamos alimentos.

Además, lo minerales, sin necesidad de estar en grandes cantidades en nuestro cuerpo, son indispensables para su buen funcionamiento. Los minerales intervienen en procesos de producción de la energía, síntesis de la hemoglobina, en la protección del daño o estrés oxidativo, en el mantenimiento del equilibrio hidroeléctrico (sodio-potasio), en la función de la inmunología o en el mantenimiento de la estructura y salud ósea y muscular.

Los minerales como el fósforo, el calcio y el magnesio están considerados como los principales minerales óseos. Intervienen en el mantenimiento y cuidado de la estructura de hueso y en distintas reacciones a nivel celular.

En definitiva, los minerales son necesarios para vivir ya que intervienen, por ejemplo, en la regulación del ritmo cardiaco, la producción de hormonas, la formación de tejidos etc.

Agua y sodio, ¿es malo?

Podemos obtener el sodio por medio de la ingesta de alimentos y líquidos. Sin embargo, la mayor parte de sodio que ingerimos es mediante el uso de sal común y alimentos ya preparados.

A pesar de que existe cierta controversia, el sodio no es malo en sí mismo y su ingesta es necesaria. Aunque la ingesta de sodio debe de controlarse en personas con algún tipo de patología como las hipertensiones arteriales, problemas renales, etc, una persona que no padezca ninguna patología no debería de preocuparse por el sodio que se obtiene del agua mineral.

Agua y mineralización débil

Se comercializa agua mineral con diferentes tipos de mineralización. Esto responde a la cantidad de residuo seco que está presente en el agua mineral:

Muy débil: 50 mg/l residuo seco
Débil: 51 a 500
Media: 501 a 1500
Fuerte: más de 1500

Lo que quiere decir es que la cantidad de minerales presentes es menor en el agua de mineralización muy débil y mayor conforme aumenta la cantidad de residuo seco. Lo cual no es sinónimo de que el agua de mineralización débil sea mejor que las demás, pero sí podría ser más interesante en personas que parezcan algún tipo de enfermedad renal o de tipo cardiovascular.

¡APRENDER A HIDRATARNOS!

Reconocer, en nuestra actividad diaria, la necesidad de una mayor ingesta de agua es importante para mantenernos debidamente hidratados. Al respirar también expulsamos vapor de agua y lo mismo sucede al hablar.

Por supuesto, el clima es otro factor importante. En un lugar con mayor humedad ambiental no registraremos la misma pérdida de agua que si nos encontramos en un clima cálido y/o seco.
Es importante recordar que este elemento también se pierde a través de la piel y de la respiración. Ya vemos que no es solo un elemento esencial en los procesos de digestión, absorción y excreción. Por esta razón, es necesario resaltar la importancia de la hidratación en la práctica de ejercicio físico. Cuanto más ejercicio físico mayor es la sudoración y, por ende, la hidratación debe ser mayor para reponer las pérdidas hídricas y las pérdidas de minerales.

Factores como el estrés, procesos febriles, toma de medicamentos, dolencias y alteraciones digestivas y la propia edad, entre otras, son determinantes a la hora de valorar nuestra necesidad de hidratación.

Existen distintas recomendaciones generales de la ingesta de líquidos, que van desde los famosos 2-3 litros de agua al día o unos 30-40 ml por kg de peso corporal.

Otra recomendación sería la de guiarse por el propio mecanismo de sed que posee nuestro organismo: El agua está conectada a un tipo de regulación homeostática. Esto quiere decir, que el ingreso o toma de líquidos suele equipararse a los de su salida, manteniendo un balance hídrico. Esta ingesta está controlada por la sed, por medio de unos receptores alojados en el hipotálamo que, al detectar un descenso del agua celular, activan el mecanismo de la sed.

Sin embargo, no siempre el ser humano responde a este mecanismo. Situaciones de mucho calor o sudoración excesiva podrían alterar el mecanismo. Existe la posibilidad de que el mecanismo de la sed se viera reducido por medio de distintos tratamientos farmacológicos o medicamentos como los inhibidores de la angiotensina. En este caso, es importante consultar al médico y al farmacéutico. En las personas mayores (tercera edad) se evidencia una disminución de la sensación de sed, lo cual puede llegar a ser un problema dado que la necesidad de mantenerse hidratados es mayor según sumamos años.

Entre un 60% y 70% de nuestro peso corporal es agua, por lo tanto ¡beber agua y mantenerse adecuadamente hidratados es vital para nuestra salud!

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