Ni que decir tiene que numerosos estudios demuestran que la dieta influye en la salud de un individuo y que una dieta rica en alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos..), con más pescado que carne, con carnes bajas en grasa, con aceite de oliva como fuente principal de grasa…ofrece una serie de beneficios con respecto a la salud y el bienestar de un individuo.

Pero que la dieta modifica e influye también a largo plazo en la microbiota intestinal, es decir en el tipo de microbiota intestinal que vayamos a tener y que el tipo de microbiota que tengamos puede influir en nuestra salud está más que claro.

En los adultos, las dietas que tienen una alta proporción de frutas y verduras y un bajo consumo de carne se asocian con una microbiota muy diversa y se definen por una mayor abundancia de Prevotella en comparación con Bacteroides , mientras que lo contrario se asocia con una dieta que contiene un baja proporción de alimentos de origen vegetal . Además , cada vez está más claro que el efecto de la ecología microbiana del intestino va más allá del sistema inmunitario intestinal local y está implicado en los trastornos relacionados con la inmunidad , tales como el síndrome de intestino irritable, la diabetes, envejecimiento…(*)

Por tanto otro motivo más para comer de forma saludable.

La realidad es que los estudios acerca de los microorganismos presentes en el intestino y sobre su influencia en nuestra salud han tenido bastante relevancia en los últimos años. Hay numerosos estudios que relacionan determinadas cepas bacterianas con menor riesgo de tener cáncer, reducir el colesterol, mejorar las digestiones, disminuir la in tolerancia a la lactosa, mejorar el rendimiento deportivo, disminuir los síntomas de patologías digestivas… incluso hay estudios que las relacionan con diabetes, enfermedades autoinmunes, autismo, obesidad, alzheimer… Y al revés, otros tipos de microorganismos se relacionan con más riesgo de padecer ciertas enfermedades.

Pasa mucho en nutrición ( y en otros ámbitos de la vida), cuando algo nuevo sale hay un entusiasmo y fervor generalizado y parece que sirve para todo, pero cuando pasan los años se comprueba que puede que sea importante aquello a lo que se daba tanta importancia pero no tanto como se creía ni servía para tantas cosas como se creía.

Vayamos a la obesidad que es de lo que quiero hablar. Recuerdo los primeros estudios publicados en los que se relacionaba la obesidad con determinadas microbiotas. Se concluía en esos estudios iniciales que tener una determinada microbiota suponía un mayor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. A mí siempre me sorprendían esas conclusiones ya que a veces no valoraran la circunstancia de que fuera al revés, es decir, que dado de que las personas con exceso de grasa corporal suelen tener unos hábitos alimentarios menos saludables, y dado que el tipo de alimentación influye en el tipo de microbiota, que lo que ocurriera es que su tipo de microbiota estuviera condicionada por ese tipo de alimentación menos saludable. Recuerdo haber ido a congresos en los que oí decir literalmente a ponentes que con un trasplante fecal ( consiste en pasar la microbiota que nos interesa de un huésped que la tiene a otro donde también la queremos implantar) se habían conseguido pérdidas de hasta 12 kilos de peso. Eso obviamente me resultaba a todas luces insólito y poco creíble. Años antes había escuchado cosas parecidas sobre la hormona leptina, sobre aciertos ácidos grasos….y al final quedó en agua de borrajas.

Posteriormente se publicaron estudios donde este hecho ( si los obesos tienen diferente microbiota y por eso son obesos o si por ser obesos y al comer diferente acaban teniendo una microbiota diferente) sí que era tenido en cuenta , y para ello se utilizó microbiota de gemelos ( en las que uno era obeso) implantándolas en ratones. Se vio que efectivamente la microbiota ayudaba a adelgazar. Pero se vio que esto era así si se seguían dietas normocalóricas o hipocalóricas, pero sino no. Quiere esto decir que entonces algo sí que influye la microbiota en el peso pero no tanto como algunos nos hacían creer ya que vemos como otros factores incluyen y mucho, por ejemplo la dieta ( como era de sentido común desde el principio).

Sobre esto que cuento se publicó un artículo recientemente en la revista Nature donde además de todo esto también se incidía que muchos estudios sobre microbioma se basaban en ratones sin gérmenes ( ya que así es más fácil instaurarles los microorganismos que deseamos) pero claro unos ratones sin gérmenes para nada representan un estado de normalidad ( tanto es así que sufren problemas de salud precisamente por este hecho) y por tanto es posible que no sirvan de ejemplo para predecir la respuesta que a la microbiota que se les implanta tendrían los ratones normales con microbioma normal. No sólo eso, sino que el microbioma de los roedores es bastante diferente a la del ser humano y quizás por tanto ( comenta el artículo) no sea extrapolable.

Quiere esto decir que la microbiota tiene su importancia, que seguro que influye en numerosos aspectos de nuestra salud y que puede tener un cierto efecto en el peso, pero que seguro que no sirve para todo, que no es mágica en ninguna situación y que es simplemente un factor más no EL FACTOR.

Por tanto todas esas empresas que se apuntan a vender ciertas bacterias probióticas con la publicidad de que nos harán deshacernos de todos esos kilos de más carecen de base científica para acreditar que efectivamente su producto cumpla lo prometido. Los milagros no existen.

(*) Jeffery IB, O’Toole PW. Diet-microbiota interactions and their implications for healthy living. Nutrients. 2013 Jan 17;5(1):234-52.

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