las hormonas en el peso

Las hormonas influyen en el peso corporal y en el apetito. En mujeres durante el ciclo menstrual hay alteraciones que pueden provocan variaciones en la ingesta, en el peso corporal ( sobre todo a expensas del agua extracelular)….pero en los hombres las hormonas también influyen. Aunque los atracones de comida entre los hombres se asocian con alteraciones de las emociones (pero esto también tiene implicaciones hormonales).

Las hormonas, entre otras cosas influyen en la ingesta de hombres y mujeres. Un simple ejemplo de ello es el turno de noche. Aproximadamente el 10% de los empleados tienen turno de noche (de forma habitual o rotando)

¿ Se gana peso en el turno de noche?

Tradicionalmente se ha dicho ( y algunos estudios lo confirman) que el trabajo nocturno puede favorecer la ganancia de peso corporal.

¿ Se conocen los motivos por los cuales se gana peso si se trabaja de noche?

Varios pueden ser los motivos, uno de ellos puede ser el hecho de que en ocasiones estos trabajadores tienen el sueño alterado y duermen menos y eso puede incrementar la ingesta energética.

En efecto, diversos estudios relacionan la falta de sueño con la obesidad, sin embargo a veces esto resulta difícil de comprender. En principio podríamos pensar que si dormimos menos horas estamos más horas activos y si estamos más horas activos nuestro gasto energético total se incrementa y por tanto no solamente no deberíamos ganar peso sino que incluso deberíamos perderlo. Entonces…¿cómo se explica que se gane peso corporal?

En un estudio realizado en humanos adultos y publicado en el 2013, se encontró que efectivamente la falta de sueño aumentaba un 5% el gasto energético total al estar más horas activos, pero lo que ocurría es que por otro lado se incrementaba el consumo de energía (y especialmente por la noche tras la cena) con lo cual aunque es cierto que se incrementaba el gasto lo que ocurría es que comían más de lo que aumentaba dicho gasto y por ello ganaban peso.

Aparte de ganar peso también se vio que también se incrementaba la sensación de hambre (obviamente por eso comían más) y había variaciones en las hormonas grelina y leptina, y péptido YY. Además, había retraso en el ciclo circadiano de la melatonina.

El sueño y el metabolismo

Lo que se hace evidente con todo esto es que el sueño desempeña un papel clave en el metabolismo energético y por ello la falta de sueño puede contribuir al sobrepeso y la obesidad.

Quizás la base de todo esto sea que el aumento de la ingesta de alimentos al dormir menos es una adaptación fisiológica para proporcionar la energía necesaria para mantener la vigilia adicional, sin embargo, a día de hoy al tener acceso a alimentos muy ricos en energía etc…la ingesta es mayor que el incremento del gasto y de ahí el desequilibrio.

Sea como fuere lo cierto es que trabajar de noche parece incrementar el riesgo de sufrir exceso de peso corporal, al margen de que al trabajar de noche luego se duerma más o menos puede haber cierta influencia derivada de alteraciones de los ritmos circadianos, así se sabe que la producción de grelina se suprime tras una actividad física relativamente intensa durante el día pero no parece que sea así durante la noche.

La actividad física provoca alteraciones en la regulación del apetito ya que varías los patrones de producción de hormonas como la grelina, PP, PYY e GLP1, pero es sorprendente conocer que hay estudios en los que se puede comprobar que la producción de leptina y grelina es diferente cuando se hace actividad física durante la noche que durante el día  y eso puede tener implicaciones en el balance energético y en la ganancia de peso corporal.

¿Importa la hora?

Tradicionalmente se creía que lo único que importaba en relación a la pérdida de grasa eran las kilocalorías ingeridas frente a las kilocalorías consumidas. Con el tiempo se ha ido descubriendo que no es ni mucho menos algo tan simple como eso y que hay muchos otros factores (hormonales, genéticos, horas de sueño, péptidos regulares del apetito….) que influyen.

En el año 2013 se publicó en el “International Journal of Obesity” un estudio titulado “ Timing of food intake predicts weight loss effectiveness” encabezado por la conocida Marta Garaulet en el que se estudió si la hora de ingesta importa en el peso corporal. Se trató de un estudio longitudinal prospectivo en el que se evaluó a 420 personas con soprepeso y obesidad a los que se les controló la ingesta durante 5 meses.

Un grupo de participantes tomaba la comida más rica en energía antes de las 15.00 de la tarde y otro después. En ambos casos se buscaba una pérdida de peso y por ello seguían una dieta hipocalórica. Como la dieta era similar se esperaban una pérdida de peso similar. Sin embargo, aunque en ambos grupos se perdía peso se vio que que los que realizaban la comida principal antes de las 15:00 perdían casi 10 kilos de peso y los que la hacían después de las 15.00 no llegaban a 8 kilos de pérdida de peso.

Genética implicada en el ritmo circadiano

Por lo tanto la hora a las que se realizan las comidas (al menos la más importante del día) sí influye en el peso corporal y en la pérdida de peso corporal. No interesa retrasar mucho la ingesta principal del día (aunque efectivamente a veces por motivos laborales no queda más remedio que comer tarde).

Esto es algo razonable ya que se conocen genes implicados en el ritmo circadiano ( y se ha visto que una alimentación regular ayuda a sincronizar el ritmo circadiano). Determinados polimorfismos de dichos genes se asocian a un mayor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad por alteraciones hormonales. Si a esto le unimos una alimentación irregular en la que retrasamos la hora de la ingesta más importante de energía podemos facilitar una tendencia a la obesidad o podemos dificultar la pérdida de peso corporal.

¿La gente que come mucho tiene poca fuerza de voluntad?

No hay que olvidar que la regulación del apetito es hormonalmente compleja y que pequeñas alteraciones fisiológicas pueden provocar variaciones en estos mecanismos

Muchas veces tendemos a opinar “a la ligera” y creer que las personas que ingieren mucha comida simplemente tienen poca fuerza de voluntad. Pues bien, las cosas son muy complejas y muchas personas tienen ciertas alteraciones que les pueden dificultar regular su apetito. Por eso debemos siempre hacer todo lo posible para entender a estas personas, jugar con el número de comidas, volumen de estas, densidad energética de los platos etc… para facilitarles lo máximo posible las cosas.

La regulación del apetito no es tan sencilla como muchas veces tendemos a creer y por eso para muchas personas controlar su ingesta energético es verdaderamente un gran sacrificio.

Simplificando mucho las cosas (es mucho más complejo de lo que describo aquí), veremos por qué:

Péptidos que elevan la sensación de apetito:

El neuropéptido Y un potente inductor del apetito. Se produce en el hipotálamo y estimula el ansia de comer, disminuye el gasto energético e incrementa la actividad de las enzimas lipogénicas del hígado y del tejido adiposo.

La proteína -Agouti se encuentra en el hipotálamo y provoca, entre otras cosas, un aumento de la ingesta. En personas obesas sus niveles pueden estar aumentados.

Péptidos que inhiben el apetito:

La pro-opiomelanocortina es sintetizada en las células corticotrópicas de la pituitaria anterior y otras células del núcleo arcuato del hipotálamo y ejerce su efecto uniéndose a los receptores de melanocortina MC3 y MC4 y, por lo tanto inhibiendo la acción la proteína Agouti.

La transcriptasa relacionada con la cocaína-anfetamina no es muy conocida todavía pero se sabe que se expresa en el hipotálamo y que tiene un efecto supresor del apetito ( aunque todavía no se conoce a ciencia cierta a qué tipo de receptor se une).

Otras sustancias producidas fuera del sistema nervioso central:

Grelina: es un péptido excretado en el estómago. Los niveles de grelina en sangre aumentan antes de las comidas y disminuyen después de esta. Sus receptores están en el núcleo arcuato del hipotálamo y en el hipotálamo ventromedial. La grelina estimula el apetito. Las personas con el síndrome de Prader-Willi (una enfermedad hereditaria caracterizada por obesidad e hiperfagia) tienen los niveles de grelina elevados, lo que sugiere que existe una resistencia a la grelina.

Colecistokinina: Es secretada por las células duodenales en respuesta a la presencia de alimentos ( parece que sobre todo de grasas) y se cree que actúa inhibiendo el vaciado gástrico, lo que produciría la sensación de saciedad.

Péptido YY: Se sintetiza en la porción distal del tracto digestivo así como en el sistema nervioso central y periférico. Inhibe la liberación del neuropéptido Y, estimula la producción de un fragmento de la pro-opiomelanocortinay bloquea los efectos de la proteína r-agouti. Reduce el hambre.

Leptina: Es una hormona que se produce en el tejido adiposo, leptina y sus receptores están en el hipotalámo. Produce una sensación de saciedad. Los obesos tienen elevados los niveles de leptina con lo cual se cree que puede haber algún tipo de resistencia a la leptina. La leptina inhibe la producción del neuropéptido Y y de la proteína Agouti.

Otros factores:

Efectos de la glucosa: la teoría glucostática del hambre (cuando los niveles de glucosa en sangre descienden por debajo de un nivel crítico, se inician las señales de hambre) ya no es tan aceptada como antes, si bien es cierto que a día de hoy sigue siendo aceptado que la glucosa sigue siendo uno de los factores que influyen en el hambre.

La distensión del estómago es un factor para la saciedad que es detectada por los mecanoreceptores presentes en los nervios vago y esplánicos. La distensión del duodeno también produce una sensación de saciedad.

La insulina: Altos niveles de insulina, por lo general, disminuyen de por sí la sensación de hambre. Además niveles elevados de insulina acaban provocando una bajada en los niveles de glucosa, ésta entra más lentamente en la célula y se incrementa la sensación de hambre.

Glucagón: Cuando los niveles de glucosa caen, el páncreas libera glucagón que estimula al páncreas a producir glucosa a partir del glucógeno almacenado. Este incremento reduce la sensación de hambre.

GABA (ácido γ-aminobutírico) : es el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central. La liberación sináptica de GABA por las neuronas del núcleo arcuato que expresan AgRP (péptido relacionado con el Agouti) es requerida para la regulación normal del balance energético.

¿Puede haber una explicación fisiológica por la que ciertos alimentos creen adiciones?

En las personas adictas a los alimentos, se produce una activación en distintas regiones del cerebro similares a las de los adictos a drogas como la cocaína.

Sin entrar en aspectos psicológicos que quedan totalmente fuera del campo de la Nutrición, existen estudios que muestran (en humanos) como al restringirse el sueño se incrementa el consumo de alimentos con un índice glucémico alto, sobre todo postres y dulces.

Por tanto alteraciones en los ritmos circadianos, provocadas por dormir poco (por ejemplo) pueden generar avidez por determinados alimentos que no son precisamente los más saludables. Esto es una muestra de cómo efectivamente desde un punto de vista fisiológicos, metabólico etc… se pueden explicar algunas adicciones por alimentos concretos.

Otro ejemplo de una base biológica de adicción a los alimentos puede ser la base genética del “síndrome de Recompensa”, un desorden genético del circuito de recompensa del cerebro (y que parece que es común a las drogas y a la comida). Tanto es así que ciertos estudios han demostrado que la evaluación de un panel de genes y polimorfismos permite la estratificación de riesgo genético para dicho síndrome .

Esto puede ser importante pues este tipo de adicción puede obviamente favorecer el exceso de grasa. De hecho hay estudios que sugieren que un porcentaje significativo de obesos puede tener una “adicción a la comida.” Un estudio reciente  sugiere que hasta el 15% de los adultos que se presentan para el tratamiento de pérdida de peso puede tener adicción a la comida.

¿Y respecto a los trastornos de la conducta alimentaria?

Sorprendentemente, no existen muchas investigaciones que se hayan dedicado a la evaluación objetiva de la naturaleza de los trastornos alimentarios, a dilucidar los factores que contribuyen al desarrollo y la persistencia de estas alteraciones, o a describir cómo cambian con el tratamiento. Por ello, el conocimiento más detallado de las bases de la conducta alimentaria es un componente esencial para una plena comprensión de los trastornos alimentarios, y puede proporcionar una base para el estudio de la fisiopatología y el desarrollo de nuevos métodos de tratamiento.

Sea como fuere, la realidad es que cada vez hay más consenso en el hecho de que existe una base neurofisiológica de los trastornos alimentarios (TCA). Por poner un ejemplo, los resultados de un estudio sugirieron que los corticosteroides y hormonas sexuales influyen en la gravedad de estos trastornos. Es más, incluso los ritmos biológicos pueden influir. Los relojes circadianos están presentes en casi todos los tejidos del organismo, incluyendo como es obvio el cerebro.

Es más, el cerebro es el coordinador principal de los ritmos circadianos (núcleo supraquiasmático) pero también contiene osciladores independientes pero que son también muy importantes puesto que regulan diversas funciones tales como la alimentación y el comportamiento relacionado con el estado de ánimo. La comprensión de cómo los relojes pueden recibir e integrar la información ambiental y de la fisiología de su control es de importancia ya que alteraciones crónicas de la ritmicidad circadiana puede conducir a problemas graves de salud y de hecho se han relacionado con una variedad de trastornos psiquiátricos incluyendo depresión, trastorno afectivo estacional, trastornos de la alimentación, la dependencia del alcohol, y la adicción. Y esto a su vez puede originar alteraciones del metabolismo .

¿ Hay algún tipo de alimentos que tienda a causar más adicción que otros?

Sabido es que un consumo frecuente de alimentos densos energéticamente hablando (como bollería industrial y comida rápida) puede no ser muy adecuado para mantener un peso estable y desde el punto de vista de nuestra salud cardiovascular y no sólo eso…

En 2012 se publicó un artículo en el que se presentaban los resultados de un estudio ( que fue realizado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y por la Universidad de Granada) en el cual se ha podido comprobar cómo aquellas personas en las que la bollería industrial ( y también la comida rápida) ocupa una fracción mayoritaria de su ingesta total ( en vez de una alimentación saludable y equilibrada) tienen más riesgo de padecer depresión.

Además las comidas ricas en azúcares simples y grasas favorecen la liberación de endorfinas por parte del núcleo estriado. Esta liberación de endorfinas provoca una sensación de bienestar que a su vez demanda más comida de ese tipo (para seguir en ese bienestar).

Alimentos ricos en azúcares y su comportamiento

Pero no sólo eso, sino que los alimentos ricos en azúcares simples y grasas también pueden desencadenar la liberación de dopamina que a su vez puede influir en el comportamiento alimentario.  Hay que tener en cuenta también que ante la sensación de hambre es más probable que el cerebro demande la ingesta de alimentos densos energéticamente (ricos en azúcares y grasas) para saciarse antes. Pero la bollería no está prohibida pero obviamente no es un alimento de consumo diario, su frecuencia es ocasional y sin elevadas dosis. Pero como en la vida también se debe disfrutar, un día es un día.

En algunas personas (quizás porque son especialmente susceptibles) todo esto puede hacer que estas sustancias que son las que regulan los mecanismos de recompensa puedan prevalecer sobre las señales hormonales que indican que ya no se debe comer más y sobre los intentos voluntarios y conscientes de tratar de no comer más y pese a saber que no se debe comer más sufrir muchos problemas para ser capaces de controlar su ingesta de alimentos ricos en azúcares y grasas (algo parecido a lo que ocurre con las drogas que causan adicción) y por tanto favorecer que tiendan a ganar peso.

Productos procesados peor:

No sólo importa la cantidad de grasas y azúcares que aporten, sino también a la velocidad con que se absorben y llegan a la  sangre elevándose sus niveles, por ello los alimentos procesados tienen un efecto  adictivo más fuerte.

Componentes concretos que causan adicción

Al margen de la densidad energética (grasas y azúcares), no existe una validación clara de que alguno de los componentes de los alimentos cause en sí mismo adicción. Aunque sí es cierto que las metilxantinas presentes en algunos alimentos como la cafeína (café), teofinilina (té), teobromina (cacao) pueden generar adicción, de hecho (y esto ocurre sobre todo con la cafeína) el síndrome de abstinencia se comienza a notar tras 24 horas de haber dejado de consumirlas (los síntomas más comunes son el cansancio mental y físico, dolor muscular, problemas de concentración, irritabilidad…).

La cafeína, y quizás el resto de metilxantinas actúan como antagonistas de los receptores de adenosina (para la cual todas las células contienen receptores) y los efectos clínicos son muy complejos, pero entre otras cosas inhibe la liberación de neurotransmisores y sus efectos pre- y post-sinápticos. Se podría de esta manera promover la liberación de neurotransmisores, explicando los efectos estimulantes de la cafeína y es posible que las manifestaciones de la abstención a la cafeína sean secundarias a la depresión de las catecolaminas o de un neurotransmisor.

También el alcohol causa adicción, el etanol interactúa con algunas proteínas que se encuentran en la membrana neuronal y que son responsables de la transmisión de señales. No todas las proteínas de la membrana neuronal son sensibles al etanol, pero algunas cascadas de transducción de señales son altamente sensibles .

Atracones de comida en los hombres

Los atracones de comida entre los hombres se asocian con alteraciones de las emociones y el problema es que los hombre no es usual que busquen tratamiento ya que incluso desde el punto de vista de las investigaciones todo se ha centrado en la mujer (de hecho basta para comprobarlo hacer una revisión de la bibliografía sobre el tema).

Esta falta de control debido a los atracones puede minar la efectividad de los planes dietéticos de pérdida de peso en los hombres que lo intenta. Y no es que sea falta de fuerza de voluntad, parece que la regulación hormonal  podría estar implicada y favorecer la sensación de hambre al reducirse los niveles de ciertas hormonas que inducen saciedad y aumentar las que provocan hambre ( parece que aumenta la grelina y disminuye el péptido YY). Si además se hay estrés (y por tanto un incremento del cortisol) todo empeora todavía más.

Algunas hormonas como la hormona foliculoestimulante (que algunos estudios sugieren que puede tener impacto en la grasa blanca-grasa parda lo cual tiene implicaciones en cuanto al porcentaje de grasa corporal total porque la grasa parda puede “disipar” energía) y la testosterona (que ciertos estudios relacionan con la grasa corporal. A caída en los niveles de testosterona más grasa corporal).

Todo esto puede explicarse por la existencia de ritmos circadianos y quizás sea una adaptación evolutiva (así lo parecen indicar ciertos marcadores biológicos)  que supuso una ventaja para la especie. Sin embargo en el actual periodo de abundancia supone un problema y de hecho retrasar la ingesta de calorías para un horario tardío se relaciona con más grasa corporal.

 

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