refrescos

Nada está prohibido. El consumo de refrescos siempre que no sean ingeridos de forma frecuente no tiene por qué suponer ningún problema, pero la realidad es la que es, a día de hoy muchas personas sustituyen a diario el consumo de agua por refrescos, zumos envasados, etc.

El consumo de bebidas gaseosas azucaradas se ha asociado en algún estudio con un mayor riesgo de enfermedades cardiometabólicas (1). La relación con la enfermedad cerebrovascular no es algo que se haya estudiado tanto. En un artículo publicado en el 2012 (1) se  examinaron los patrones de consumo de refrescos y la sustitución de bebidas alternativas a los refrescos, en relación con el riesgo de accidente cerebrovascular. Para ello se utilizó el Estudio de Salud de las Enfermeras, un estudio de cohorte prospectivo de 84,085 mujeres en seguimiento durante 28 años (1980-2008), y también el Health Professionals Follow-up Study, un estudio de cohorte prospectivo de 43,371 hombres seguidos durante 22 años (1986-2008). De los resultados se concluye que un mayor consumo de refrescos endulzados con azúcar se asocia con un riesgo significativamente mayor de accidente cerebrovascular. Otras bebidas, como los refrescos bajos en kilocalorías y sin cafeína o infusiones podrían ser una mejor opción.

También se ha establecido una posible la relación entre el consumo excesivo de bebidas azucaradas y las enzimas hepáticas (2). Parece que el consumo habitual de bebidas azucaradas puede elevar los niveles de las enzimas hepáticas alanina aminotransferasa y la aspartato aminotransferasa lo que indica que el consumo habitual de este tipo de refrescos puede provocar la lipogénesis hepática.

A veces se ha comentado que el consumo de café, té, bebidas de cola o bebidas energéticas puede incrementar el cáncer de vejiga. Sin embargo, un estudio (3) que fue publicado en el año 2015 y que fue un estudio multicéntrico de casos y controles con 690 casos de cáncer de vejiga y 665 controles hospitalarios y que se llevó a cabo en Italia entre el años 2003 y 2014, concluyó que el consumo de café, el café descafeinado, el té, el refresco de cola y las bebidas energéticas no están relacionados con el riesgo de cáncer de vejiga.

Por otro lado, varias veces se ha sugerido la existencia de un vínculo entre artritis reumatoide y ciertos alteraciones intestinales y algunas investigaciones han sugerido que el consumo regular de refrescos endulzados con jarabe de maíz de alta fructosa (bastante habituales) puede estar asociada con un mayor riesgo de artritis reumatoide seropositiva independientemente de otros factores de la dieta y estilo de vida. Para entender los motivos por los cuales esto es así se han valorado diferentes hipótesis, una hipótesis relativamente reciente y que trata de explicar esta asociación considera que la malabsorción de fructosa en el intestino (debido al consumo regular y excesivo de fructosa libre derivado de la ingesta abundante de estos refrescos endulzados con ella) contribuye a que en el tracto gastrointestinal exista una formación in situ de productos finales de glicación avanzada que absorbidos en el intestino pueden viajar a otros tejidos y promover la inflamación.

Un estudio (realizado con más de 1000 personas) y publicado en el 2016 (4) tuvo como objetivo evaluar la asociación entre el consumo de bebidas endulzadas con este jarabe y la artritis reumatoide, tras comprobar los resultados los autores llegaron a la conclusión de que el consumo habitual de este tipo de refrescos se asocia significativamente con la artritis en adultos de Estados Unidos con edades de 20-30 años y posiblemente debido a la formación in situ de productos finales de glicación avanzada.

Pues bien, en esta misma línea el jarabe de maíz de alta fructosa (que como he dicho a veces se utiliza para endulzar algunos refrescos) también se ha relacionado con mayor riesgo de bronquitis crónica. Un artículo recientemente publicado aborda este tema (5) y la hipótesis que propone es similar a la de la artritis, es decir, que la malabsorción de fructosa en el intestino (debido al consumo regular y excesivo de fructosa libre derivado de la ingesta abundante de estos refrescos endulzados con ella) contribuye a que en el tracto gastrointestinal exista una formación in situ de productos finales de glicación avanzada que absorbidos en el intestino pueden viajar a otros tejidos y provocar daños. De hecho también se ha relacionado con mayor riesgo de EPOC. Pues bien, el estudio publicado en este artículo al que hago referencia (5) es un estudio trasversal en una población de 2801 adultos de edades comprendidas entre 20-55 años y concluye (a la luz de los resultados) que el consumo frecuente y habitual de este tipo de refrescos incrementa el riesgo de padecer bronquitis crónica y que tal vez sea a través de formación in situ de productos finales de glicación avanzada.

El consumo abundante de fructosa también puede elevar el ácido úrico (6).

Con todo esto podríamos pensar que quizás sería preferible tomar bebidas no azucaradas, y es que no hay duda de que las bebidas azucaradas con sacarosa, fructosa o glucosa son una fuente importante de consumo de azúcares  y son un factor a tener en cuenta respecto al riesgo de sobrepeso,  de obesidad y de enfermedades relacionadas con la obesidad  como la diabetes tipo 2. Por tanto es razonable pensar que una reducción gradual de azúcares libres en este tipo de bebidas sería beneficioso. Pues bien, precisamente esta hipótesis es la que ha planteado (respecto a la población británica) un estudio (7) publicado en el 2016 y en el que se propone una reducción (de forma gradual) del azúcar añadido en estas bebidas hasta alcanzar un 40% menos al cabo de 5 años (y sin necesidad de añadir edulcorantes artificiales). Respecto a la población británica los autores indican que esta reducción disminuiría la ingesta calórica media de tal forma que reduciría el porcentaje de personas con sobrepeso en un 1% y el de personas con obesidad en un 2,1% lo que  a su vez impediría aproximadamente de 274 000 a 309 000 casos nuevos de diabetes tipo 2 relacionada con la obesidad  durante las dos décadas después de esta intervención. Por tanto una reducción gradual en azúcares libres añadidos a las bebidas endulzadas con azúcar (sin necesidad de usar de edulcorantes artificiales) se predice como una buena opción para reducir la prevalencia del sobrepeso , de la obesidad y de la diabetes tipo 2 .

Pero puede que no sea oro todo lo que reluce. Es cierto que la cada vez mayor aparición de refrescos libres de azúcar (con edulcorante artificiales acalóricos) hace que muchas personas los consuman libremente en vez de agua. Sin embargo, y desde el punto de vista de la salud renal, un estudio publicado en 2011 (8) concluía que el consumo de dos o más raciones al día de refresco con edulcorante artificial se asocia con una probabilidad dos veces mayor de deterioro de la función renal en las mujeres.

Las principales conclusiones de una investigación (9) publicada en la revista “Journal of Nutrition” y  realizada en 1.868 personas de entre 55 y 80 años con un alto riesgo cardiovascular (el trabajo forma parte del estudio PREDIMED, Prevención con Dieta Mediterránea) fueron que beber más de cinco vasos por semana de bebidas azucaradas o edulcoradas, incluyendo las bebidas light y los zumos de fruta (tanto envasados como naturales), aumenta el riesgo obesidad abdominal, la hipertensión arterial, los niveles de triglicéridos en sangre y reduce el colesterol bueno.

Muchas veces son los niños los que suelen beber este tipo de bebidas azucaradas, pues bien un estudio (10) publicado en el año 2010 precisamente concluye que  las bebidas azucaradas, ya sean altas en azúcar agregada o bien formando parte de la propia bebida de forma natural no deben ser promocionadas (al revés, debe tratar de evitarse su consumo frecuente) precisamente para ayudar a prevenir la obesidad infantil.

Quiere esto decir que lo que siempre se ha dicho sigue vigente, el agua es el líquido hidratante por excelencia y al agua debemos acudir cuando tenemos sed. Los refrescos tienen cabida en nuestra dieta, claro que sí, pero no se debe abusar ni aun de los light y ni aun de los zumos de fruta naturales.

Si estás interesado en este tema puedes consultar una entrevista sobre el consumo de refrescos: Entrevista sobre los refrescos para Valencia Plaza. 

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Bibliografía:

  1. Bernstein AM, de Koning L, Flint AJ, Rexrode KM, Willett WC. Soda consumption and the risk of stroke in men and women. Am J Clin Nutr. 2012 May;95(5):1190-9.
  2. Shimony MK, Schliep KC, Schisterman EF, Ahrens KA, Sjaarda LA, Rotman Y,Perkins NJ, Pollack AZ, Wactawski-Wende J, Mumford SL. The relationship between sugar-sweetened beverages and liver enzymes among healthy premenopausal women: a prospective cohort study. Eur J Nutr. 2016 Mar;55(2):569-76.
  3. Turati F, Bosetti C, Polesel J, Zucchetto A, Serraino D, Montella M, Libra M, Galfano A, La Vecchia C, Tavani A. Coffee, Tea, Cola, and Bladder Cancer Risk: Dose and Time Relationships. Urology. 2015 Dec;86(6):1179-84.
  4. DeChristopher LR, Uribarri J, Tucker KL. Intake of high-fructose corn syrup sweetened soft drinks, fruit drinks and apple juice is associated with prevalent arthritis in US adults, aged 20-30 years. Nutr Diabetes. 2016 Mar 7;6:e199.
  5. DeChristopher LR, Uribarri J, Tucker KL. Intake of high fructose corn syrup sweetened soft drinks is associated with prevalent chronic bronchitis in U.S. Adults, ages 20-55 y. Nutr J. 2015 Oct 16;14:107.
  6. Cox CL, Stanhope KL, Schwarz JM, Graham JL, Hatcher B, Griffen SC, Bremer AA, Berglund L, McGahan JP, Keim NL, Havel PJ. Consumption of fructose- but not glucose-sweetened beverages for 10 weeks increases circulating concentrations of uric acid, retinol binding protein- 4, and gamma-glutamyl transferase activity in overweight/obese humans. Nutr Metab (Lond). 2012 Jul 24;9(1):68.
  7. (Ma Y, He FJ, Yin Y, Hashem KM, MacGregor GA. Gradual reduction of sugar in soft drinks without substitution as a strategy to reduce overweight, obesity, and type 2 diabetes: a modelling study. Lancet Diabetes Endocrinol. 2016 Feb;4(2):105-14.
  8. Lin J, Curhan GC. Associations of sugar and artificially sweetened soda with albuminuria and kidney function decline in women. Clin J Am Soc Nephrol. 2011 Jan;6(1):160-6.
  9. Ferreira-Pêgo C, Babio N, Bes-Rastrollo M, Corella D, Estruch R, Ros E, Fitó M, Serra-Majem L, Arós F, Fiol M, Santos-Lozano JM, Muñoz-Bravo C, Pintó X, Ruiz-Canela M, Salas-Salvadó J. Frequent consumption of sugar- and artificially sweetened beverages, and natural and bottled fruit juices is associated with an increased risk of metabolic syndrome in a mediterranean population at high cvd risk. JN 2016 June 29 (doi: 10.3945/jn.116.230367)
  10. Zheng M, Rangan A, Allman-Farinelli M, Rohde JF, Olsen NJ, Heitmann BL. Replacing sugary drinks with milk is inversely associated with weight gain among young obesity-predisposed children. Br J Nutr. 2015 Nov;114(9):1448-55.

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