lactancia

El mejor alimento para el niño durante los primeros 6 meses de vida es la leche materna; contiene todos los nutrientes en las cantidades adecuadas, ajustados al desarrollo progresivo del bebé; con componentes funcionales y propiedades inmunológicas que lo protegen de infecciones, posibles alergias y enfermedades crónicas en etapas posteriores de la vida.

Sin embargo, a pesar de las recomendaciones de organismos internacionales (OMS, UNICEF) y la continua puesta en marcha de políticas de salud pública y programas a favor de esta práctica, la lactancia materna, con frecuencia, es interrumpida antes de los 6 meses de edad; en muchas ocasiones, debido a preocupaciones y ansiedades que sufren las madres, reforzadas por criterios no siempre acertados, y en la mayoría de los casos sin fundamento científico.

Estos son algunos de los mitos que con frecuencia interfieren en el óptimo desarrollo y duración de la lactancia materna:

“Si el niño quiere pecho con mucha frecuencia, antes de las 3 horas, es que se queda con hambre.”

La leche materna es muy digestiva y se absorbe rápidamente gracias a la alta permeabilidad de la pared intestinal del lactante. El niño debe ser alimentado cada vez que quiera, sin horarios ni límites. Es importante que la duración de cada mamada sea como mínimo de 5 minutos pudiendo llegar hasta 15 minutos en cada pecho.

Es esencial que los pechos se vacíen completamente, de esta forma el mecanismo de producción de leche será activado nuevamente. Amamantar más seguido es el mejor estímulo para que los pechos se llenen y vuelva a restablecerse la frecuencia de amamantamiento. A partir de los 3 o 4 meses el niño demanda más leche materna, por lo que es necesario aumentar la frecuencia y la duración de las mamadas.

“El bebé llora mucho, está muy irritado, debe ser porque no tengo suficiente leche.”

El niño llora para comunicarse, ese es su lenguaje, la única manera que tiene de poder expresar su estado físico y emocional. Esto no significa precisamente que tenga hambre, ni mucho menos que la madre no tenga suficiente leche.

El desarrollo normal del organismo inmaduro del bebé puede producir mucho malestar en ocasiones. En estos casos se recomienda llevarlo al pediatra para que lo examine y haga una valoración del estado de salud del niño.

Para que tengan lugar los mecanismos que condicionan la producción y salida de la leche, se necesita la acción de determinadas hormonas que pueden estar influidas por el estado de ánimo de la madre. Si se siente tranquila, segura, confiada, aumentará la cantidad y salida de la leche, y el bebé se beneficiará con creces.

“Los niños deben mamar sólo 10 minutos en cada pecho, después sólo toman aire.”

Lo primero que hay que tener en cuenta es que cada niño tiene su propio ritmo, y por tanto no hay que ser rígido con la duración de la mamada. Debe dársele suficiente tiempo para garantizar que reciba la leche final de las glándulas mamarias, con un contenido más alto en grasas, y por tanto en energía, lo que produce mayor saciedad y permite una adecuada ganancia de peso en el tiempo.

“Determinados alimentos (col, frijoles, etc.) que ingiere la madre le da gases al niño.”

Los alimentos de origen vegetal, como las leguminosas (frijoles, chícharos, lentejas), por mencionar un ejemplo concreto, son ricos en fibra dietética y otros componentes que pueden generar gases en la madre, no en el niño. Se debe prestar especial atención al agarre del bebé al pezón. La madre debe sentir que el pezón y casi toda la areola se encuentran dentro de la boca del niño, y que este utiliza la lengua y la mandíbula inferior durante la succión y que no le produce ninguna molestia. Cuando el agarre del bebé al pezón es correcto, no hay lesiones en la madre y se logra una adecuada estimulación con suficiente cantidad de leche. La boca del bebé debe estar completamente llena para no permitir la entrada de aire durante la succión.

La alimentación de la madre durante la lactancia debe ser variada y con cantidades suficientes de cada uno de los nutrientes que se requieren para una dieta equilibrada. Durante la lactancia debe moderarse el consumo de café, té, refrescos de cola y chocolate negro.  La cafeína pasa rápidamente a la leche de la madre, y puede producir irritabilidad, alteraciones del sueño y otros trastornos. El alcohol y la nicotina (proveniente de los cigarrillos) también tienen efectos perjudiciales para el bebé, cuyo organismo tiene que hacer grandes esfuerzos para eliminarlos, por lo que se deben evitar a toda costa.

“Para que el niño duerma durante la noche hay que darle un biberón.”

Durante los primeros meses de vida es normal que el bebé se despierte y quiera mamar varias veces en la noche, pues el horario de sueño y las frecuencias de alimentación aún se están estableciendo. El niño, sobretodo en el primer mes, todavía no cuenta con suficientes reservas de energía en el organismo y necesita por tanto ser amamantado frecuentemente.

El apoyo activo del padre y de la familia durante esta etapa es fundamental. Es normal que la madre se sienta un poco cansada, debido a todos los estados por los que ha transitado desde el embarazo, parto y puerperio, pero si se siente apoyada y se le reconoce su papel de madre por encima de todo lo demás, será capaz de superar cualquier obstáculo que pueda interferir en el proceso de amamantamiento, incluso su agotamiento físico. Amamantar es la experiencia más maravillosa que toda madre pueda tener. Aprovéchela al máximo y disfrute con su bebé mientras le da cada vez más salud.

“El biberón es una ayuda para la madre y permite que los pechos se llenen mejor.”

El mejor estímulo para aumentar la cantidad de leche es amamantar frecuentemente. La succión del bebé estimula los reflejos que desencadenan la producción de leche. La introducción de cualquier alimento distinto a la leche materna disminuye la frecuencia de succión y con ello la cantidad de leche.

La mejor ayuda que puede recibir la madre es el apoyo activo de sus seres queridos en un ambiente de paz y armonía, y una adecuada alimentación durante la lactancia materna.

“La lactancia materna es buena pero solo hasta el cuarto mes, después no es suficiente.”

La evidencia científica más reciente ha demostrado que la lactancia materna exclusiva hasta el sexto mes satisface los requerimientos nutricionales del niño y garantiza su adecuado crecimiento y desarrollo, además de prevenir múltiples enfermedades.

Existen muchos factores que pueden influir en el abandono precoz de la lactancia materna. La causa más generalizada de todas es la hipogalactia subjetiva, que no es más que la creencia por parte de la madre de que no tiene suficiente leche, lo cual en la mayoría de los casos no es real. Toda madre esta apta fisiológicamente para amamantar, sólo es cuestión de proponérselo con actitud y no dejarse influenciar por opiniones que no están sustentadas científicamente.

 

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