Está bien establecido que la obesidad es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedad renal crónica (1) y puede promover la progresión de la enfermedad renal terminal . Por lo tanto, se sugiere que la reducción del peso corporal puede ser una intervención importante para reducir la prevalencia de la insuficiencia renal y/o mejorar su pronóstico.Otro motivo más para mantener un peso saludable.

Alimentarse de forma correcta permite que nuestro cuerpo obtenga los nutrientes necesarios para llevar a cabo sus funciones vitales, tanto en la salud como en la enfermedad alimentarse de una forma adecuada mejora la esperanza y la calidad de vida. Tan perjudiciales para la salud pueden ser los déficits nutricionales como los excesos, se debe tratar de comer lo que nuestro organismo necesita, no por comer mucho vamos a estar bien nutridos, además una ingesta excesiva de kilocalorías nos hará incrementar nuestro peso corporal, algo que puede ser peligroso para nuestra salud.

Está claro que tener un peso normal dentro de un rango saludable disminuye el riesgo de padecer enfermedades como dislipidemias, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer etc… Sin embargo, muchas veces pasa desapercibida la posible relación entre obesidad y enfermedad renal crónica.

Diversos estudios parecen indicar que la obesidad es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedad renal crónica y puede promover la progresión de la enfermedad renal terminal y que por lo tanto se puede sugerir que la reducción del peso corporal puede ser una intervención importante para reducir la prevalencia de la insuficiencia renal y/o mejorar su pronóstico (1).Una revisión publicada en 2009 (2) concluyó que en personas con enfermedad renal crónica intervenciones de pérdida de peso parece que pueden ayudar a reducir la proteinuria y la presión arterial y parecen ayudar a prevenir el deterioro adicional de la función renal. Otra revisión publicada en el año 2010 (3) concluye que la pérdida de peso se asocia con disminución de la proteinuria y microalbuminuria.

Por tanto por sus posibles beneficios en el pronóstico de la propia enfermedad y también porque de por sí mantener un peso saludable reduce el riesgo de padecer otra serie de enfermedades que comprometerían aún más la salud del paciente, ajustar la dieta con objeto de mantener un porcentaje de grasa estable es importante.

Además de consumir las Kilocalorías adecuadas que permitan mantener un peso estable, no hay que olvidar que la dieta debe ser rica en hidratos de carbono (55% de la energía diaria), que una dieta saludable debe aportar un 25-30% de su energía en forma grasa, pero no solamente importa la grasa total sino el tipo de grasa. La grasa monoinsaturada y poliinsaturada (omega 3 y omega 6 y con la proporción adecuada entre ambos) deben estar presentes en cantidades adecuadas, la grasa saturada se debe ingerir en bajas dosis y la fibra se debe ingerir en la cantidad adecuada. Un estudio publicado en el 2012 (4) relacionó un alto consumo de fibra con un menor riesgo de padecer enfermedad renal crónica, mientras que una alta ingesta de ácidos grasos omega 6 ( y por tanto no en la relación adecuada respecto a los omega 3) se asoció con un mayor riesgo de padecer enfermedad renal crónica.

Hay pacientes con enfermedad renal crónica en determinadas fases a los que el nefrólogo les restringe la ingesta proteica, estos pacientes, que por tanto están siguiendo una dieta baja en proteínas es importante que tengan una buena adherencia a dicho plan dietético. En este sentido, un programa de educación nutricional específico puede motivar a los pacientes con enfermedad renal crónica que aún no reciben diálisis para reducir su consumo de proteínas y mejorar la adherencia a una dieta baja en proteínas por encima de asesoramiento dietético estándar tradicional. En un ensayo clínico controlado aleatorizado realizado en Brasil (5) se vio que cuando los pacientes eran asignados a un grupo de asesoramiento intenso (recibían un programa dietético individualizado que también incluía materiales de educación nutricional y acciones encaminadas al que el paciente comprensa mejor como conseguir una dieta baja en proteínas y sodio) durante 4 meses ( aunque con visitas mensuales) la adherencia a la dieta era mayor y se contribuía a la reducción de la ingesta proteica, por ello, los programas de educación nutricional son eficaces para aumentar la adherencia del paciente a las recomendaciones de ingesta de proteínas.
La realidad es que los patrones dietéticos se han relacionado con enfermedades crónicas tales como enfermedades cardiovasculares, pero actualmente hay escasos datos disponibles para las asociaciones entre los hábitos alimentarios y microalbuminuria o deterioro de la función renal. En un estudio publicado en 2011 (6) cuyos datos procedían de las mujeres participantes en el conocido Estudio de Salud de Enfermeras se concluyó que un patrón dietético occidental (demasiado rico en proteínas, sodio, grasas saturadas…) se asocia a una probabilidad significativamente mayores de microalbuminuria y de una disminución rápida de la función renal, mientras que un patrón dietético “ protector” (ingesta mayor de vegetales, frutas y granos enteros) pueden tener un efecto protector contra el deterioro rápido de la tasa de filtración glomerular.

Generalmente, por cuestiones de salud siempre se suele recomendar como fuente principal de líquidos el agua. Muchas personas tienen claro que abusar de refrescos azucarados no es muy positivo (se pueden disparan las Kilocalorías ingeridas) pero la cada vez mayor aparición de refrescos libres de azúcar (con edulcorante artificiales acalóricos) hace que muchas personas los consuman libremente en vez de agua. Sin embargo, y desde el punto de vista de la salud renal, un estudio publicado en 2011 (7) concluía que el consumo de dos o más raciones al día de refresco con edulcorante artificial se asocia con una probabilidad dos veces mayor de deterioro de la función renal en las mujeres.

Por tanto a priori, mantener un peso estable y dentro del rango de normalidad, consumir una dieta equilibrada ( con un adecuado reparto de macronutrientes) rica en fibra, granos enteros, frutas, verduras y hortalizas, sin abusar de las proteínas ( elegir más veces pescados que carnes y dentro de estas las más bajas en grasas como pollo o pavo o conejo), con la cantidad adecuada de grasas y un equilibrio entre los tipos de grasa y con el agua como la fuente principal y habitual de líquidos, parece que es el mejor consejo para prevenir problemas renales y/o mantener la función renal.

En cualquier caso cada persona es un mundo, puede haber otras patologías, las recomendaciones pueden variar según la fase de la enfermedad renal, según haya diálisis o no etc… con lo cual siempre se deben seguir los consejos del nefrólogo.

BIBLIOGRAFÍA:

1) Kiortsis DN, Christou MA. Management of Obesity-Induced Kidney Disease: A Critical Review of the Literature. Obes Facts. 2012 Nov 29;5(6):821-832.

2) Navaneethan SD, Yehnert H, Moustarah F, Schreiber MJ, Schauer PR, Beddhu S. Weight loss interventions in chronic kidney disease: a systematic review and meta-analysis. Clin J Am Soc Nephrol. 2009 Oct;4(10):1565-74.

3) Afshinnia F, Wilt TJ, Duval S, Esmaeili A, Ibrahim HN. Weight loss and proteinuria: systematic review of clinical trials and comparative cohorts. Nephrol Dial Transplant. 2010 Apr;25(4):1173-83.

4) Díaz-López A, Bulló M, Basora J, Martínez-González MA, Guasch-Ferré M, Estruch R, Wärnberg J, Serra-Majem L, Arós F, Lapetra J, Ros E, Pintó X, Covas MI, Salas-Salvadó J. Cross-sectional associations between macronutrient intake and chronic kidney disease in a population at high cardiovascular risk. Clin Nutr.
2012 Oct 29. doi:pii: S0261-5614(12)00228-2.

5) Paes-Barreto JG, Barreto Silva MI, Qureshi AR, Bregman R, Cervante VF, Carrero JJ, Avesani CM. Can Renal Nutrition Education Improve Adherence to a Low-Protein Diet in Patients With Stages 3 to 5 Chronic Kidney Disease? J Ren Nutr. 2012 Nov 27. doi:pii: S1051-2276(12)00203-8.

6) Lin J, Fung TT, Hu FB, Curhan GC. Association of dietary patterns withalbuminuria and kidney function decline in older white women: a subgroup analysis from the Nurses’ Health Study. Am J Kidney Dis. 2011 Feb;57(2):245-54.

7) Lin J, Curhan GC. Associations of sugar and artificially sweetened soda with albuminuria and kidney function decline in women. Clin J Am Soc Nephrol. 2011 Jan;6(1):160-6.

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