bacterias

No se puede negar que cada vez se habla más de la microbiota intestinal y también cada vez se habla más del eje cerebro -intestino y como en el intestino hay una microbiota con funciones importantes…cada vez se habla más del eje cerebro-intestino-microbiota. Y todo se complica más cuando además hace unos pocos años algunas investigaciones han detectado la presencia de bacterias en el cerebro humano…

Como siempre que algo nuevo aparece, hay un boom acerca de estos temas e incluso se ha presentado como un nuevo paradigma en neurociencia, que puede ser relevante para la enfermedad mental.

La realidad es que los mecanismos de transmisión de señal en el eje cerebro-intestino-microbiota son muy complejos e implican comunicaciones bidireccionales que permiten que los microbios intestinales se comuniquen con el cerebro y el cerebro se comunique con los microbios, tanto es así que incluso hay hipótesis publicadas en las que se sugiere que las bacteris intestinales pueden influir incluso en nuestras elecciones alimentarias.

Debemos de tener en cuenta que la mayoría de los estudios publicados en este campo son preclínicos, y no se puede negar que al menos hasta ahora hay  falta de suficientes estudios clínicos que creen una “fuerza de evidencia”.  Ahora bien, sí que es cierto que los estudios preliminares en poblaciones psiquiátricas respaldan la visión de una disbiosis (alteraciones de la microbiota intestinal) en algunas afecciones psiquiátricas, pero los estudios a menudo son a pequeña escala y están “empañados” por posibles variables de confusión.

Diversos autores sugieren que los estudios preclínicos respaldan la opinión de que los psicobióticos («bacterias que cuando se ingieren en cantidades adecuadas tienen un beneficio positivo para la salud mental») podrían ser útiles para tratar a algunos pacientes con dificultades de salud mental y que por ello merece la pena seguir investigando por un posible futuro prometedor en este campo pero la verdad es la que es y hasta la fecha, no tenemos estudios bien realizados en poblaciones clínicas, aunque hay algunos estudios interesantes en voluntarios sanos.  En base a estos estudios se ha comprobado que un cóctel de probióticos puede alterar la actividad cerebral tal como se monitorea mediante imágenes de resonancia magnética funcional e incluso se ha referido que Bifidobacterium longum altera la actividad eléctrica del cerebro.

En definitiva….aún no se ha demostrado de manera convincente que los emocionantes y sugerentes hallazgos que “hablan”  de una posible eficacia derivadas de la ingesta de bacterias psicobiótica y que derivan de resultados de modelos preclínicos de enfermedades psiquiátricas se puedan traducir algún día en recomendaciones o intervenciones en pacientes humanos.

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