Introducción

El envejecimiento resulta un desafío para cualquier ser vivo. Con las mejoras en las condiciones de vida y los avances en las ciencias médicas, el número de personas mayores ha aumentado en todo el mundo. De hecho, el concepto de vejez es cada vez más complicado de definir. El criterio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece el comienzo de la vejez a los 65 años de edad. En Europa, se espera que los ciudadanos de 65 años y más representen a más del 30% de la población para 2050 (1).

El envejecimiento saludable se ha descrito como la tenencia de una vida saludable, activa, social e independiente, a través del mantenimiento de la vitalidad y la buena calidad de vida durante el mayor tiempo posible. Por tanto, el envejecimiento saludable implica la interacción entre genes, medio ambiente y estilo de vida, particularmente la dieta (totalmente modificable). La evidencia sugiere que la nutrición puede jugar un papel importante en la prevención de muchas enfermedades relacionadas con la edad.

Nutrición y salud en el adulto mayor

La acumulación de daños en el ADN y la incapacidad para repararlos parecen contribuir al envejecimiento y a enfermedades asociadas con la edad, como el cáncer. Sin embargo, una nutrición adecuada puede proteger contra el daño oxidativo del ADN y retardar los procesos de envejecimiento, disminuyendo la incidencia de cáncer.

El riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) aumenta significativamente con la edad tanto en hombres como en mujeres debido a factores como la acumulación de grasa visceral relacionada con el envejecimiento, la rigidez arterial, la inflamación, la senescencia celular y el estrés oxidativo. Muchos de los principales factores de riesgo de ECV (hipertensión, dislipidemia, diabetes, obesidad y síndrome metabólico) son modificables por la dieta y la intervención en el estilo de vida.

La osteoporosis es frecuente entre los adultos mayores. Es una enfermedad que se caracteriza por un debilitamiento estructural del tejido óseo (debido a una baja masa ósea) que conduce a una reducción de la resistencia ósea y una mayor susceptibilidad a las fracturas. La osteoporosis se puede prevenir en gran medida al mejorar los factores del estilo de vida, especialmente la nutrición y el ejercicio. La vitamina D y el calcio contribuyen a la salud ósea y la prevención o disminución de esta enfermedad.

El deterioro cognitivo puede desarrollarse gradualmente con la edad en muchas personas. La progresión del deterioro cognitivo comienza durante la adultez temprana y es probable que el impacto de la dieta en la cognición de la edad avanzada sea una función de la ingesta nutricional durante toda la vida. La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más común de demencia en las personas mayores y tiene un impacto significativo en el estado funcional diario. Una dieta alta en frutas, verduras, pescado, ácidos grasos monoinsaturados y ácidos grasos poliinsaturados, previene el deterioro cognitivo y reduce el riesgo de demencia y la mortalidad asociada.

El envejecimiento causa un deterioro en la función renal que puede conducir a una enfermedad renal crónica. La enfermedad renal crónica se ha asociado con estrés oxidativo, marcadores inflamatorios, calcificación, todo lo cual puede aumentar el riesgo cardiovascular. El consumo excesivo de proteínas, sodio, potasio y alcohol se ha relacionado con la progresión de la insuficiencia renal en personas de edad avanzada. Por su parte la dieta mediterránea (particularmente el pescado y los ácidos grasos poliinsaturados) se ha relacionado con una función renal preservada, debido a las propiedades antiinflamatorias de estos ácidos grasos poliinsaturados, así como a su correlación negativa con los niveles de presión arterial (2).

Gran parte de las enfermedades degenerativas que conducen a la pérdida de la visión (glaucoma, degeneración macular relacionada con la edad, cataratas y complicaciones oculares diabéticas) podrían prevenirse o retrasarse si se siguen hábitos correctos de alimentación o la suplementación con nutrientes específicos. Los antioxidantes, particularmente luteína y zeaxantina (carotenoides que se encuentran específicamente en el ojo) y los ácidos grasos poliinsaturados podrían proporcionar protección contra el envejecimiento ocular.

Factores que afectan el estado nutricional en el adulto mayor

Los cambios en el comportamiento alimentario durante la edad avanzada, con frecuencia promueven el desarrollo de sarcopenia (pérdida degenerativa de masa muscular) y fragilidad física, favoreciendo la discapacidad, la pérdida de independencia, la institucionalización y la mortalidad. La creciente evidencia indica que la ingesta de cantidades adecuadas de proteínas, hidratos de carbono complejos digeribles, vitamina D y ácidos grasos omega-3 puede representar una medida efectiva contra la sarcopenia y la fragilidad física. La inactividad física también es un contribuyente importante a la sarcopenia y la pérdida muscular como consecuencia de un desequilibrio entre la síntesis y la degradación de las proteínas musculares.

Los cambios en la composición corporal, en particular la sarcopenia  junto con las enfermedades crónicas, el deterioro cognitivo, la depresión y el aislamiento social unido a la disminución de las funciones digestivas, olfativas y salivales pueden actuar de forma sinérgica y afectar severamente el estado nutricional de las personas de edad avanzada.

Los cambios en el tracto gastrointestinal (saciedad temprana, retraso del vaciado gástrico, tiempo de tránsito colónico prolongado y mayor riesgo de estreñimiento) que se producen como consecuencia del envejecimiento fisiológico, unido a tratamientos con múltiples medicamentos y una dieta alterada pueden afectar la permeabilidad intestinal y provocar cambios perjudiciales en la microbiota intestinal, con lo cual las personas mayores se hacen mucho más vulnerables a la desnutrición.

La falta de apetito (anorexia senil) puede predisponer a las personas de edad avanzada a la malnutrición. En general, la mal nutrición en el adulto mayor se asocia con un mayor riesgo de deterioro de la capacidad funcional, comorbilidades (presencia de varias enfermedades a la vez) y aumento de la mortalidad.

La dificultad para masticar en los ancianos está muy relacionada con la cantidad y el tipo de alimentos que habitualmente ingieren, y puede dar como resultado deficiencias en el aporte de energía y nutrientes, contribuyendo al mal estado nutricional en las personas de edad avanzada (3).

Las discapacidades físicas, como la movilidad reducida, el acceso limitado a las tiendas para comprar, preparar y consumir alimentos, así como otras razones sociales son factores que afectan la elección de alimentos en adultos mayores. El precio de los alimentos nutritivos también puede afectar el consumo de alimentos en personas mayores que viven libremente. En general, el consumo de alimentos puede disminuir hasta en un 25% en adultos de 70 años o más (4).

Recomendaciones nutricionales en el adulto mayor

Establecer recomendaciones nutricionales para adultos mayores tiene sus dificultades, pues a medida que las personas envejecen las diferencias individuales se hacen más pronunciadas. En general, los requerimientos de energía disminuyen con la edad, y se ha demostrado que la restricción de calorías, sin malnutrición, aumenta la longevidad y retrasa la aparición de enfermedades crónicas en diversas especies.

Las necesidades de proteínas generalmente son más altas, para hacer frente a las infecciones y al desgaste muscular. La ingesta actual de nutrientes de referencia de proteínas (RNI por sus siglas en inglés) es de 0,8 g de proteínas / kg de peso corporal en adultos sanos de todas las edades. Los estudios basados ​​en la evidencia emergente han argumentado que una mayor ingesta de proteínas puede ser beneficiosa para satisfacer las necesidades de los adultos mayores vulnerables, particularmente aquellos con enfermedades crónicas.

En cuanto a los requerimientos de carbohidratos, se necesitan cantidades suficientes, de preferencia carbohidratos complejos como los presentes en cereales integrales, frutas y vegetales, para evitar que la proteína sea usada como fuente de energía y garantizar además un aporte significativo de fibra dietética, que alivia el estreñimiento (un problema común en los adultos mayores, sobre todo en aquellos que están físicamente inactivos y toman varios medicamentos) y ayuda a prevenir y tratar diversas enfermedades.

Las necesidades de grasa se basan fundamentalmente en el aporte de ácidos grasos esenciales. Particularmente la ingesta de ácidos grasos omega-3, y muy especialmente la de ácidos grasos omega-3 de cadena larga (ácido docosahexaenoico DHA y ácido eicosapentaenoico EPA) puede ser una estrategia para prevenir y reducir la morbilidad en las personas de edad avanzada, ya que se ha comprobado que tienen un efecto protector contra el deterioro cognitivo relacionado con la edad. Aunque, hoy en día, algunos autores cuestionan los efectos beneficiosos de los ácidos omega-3 por falta de estudios específicos y de mayor tamaño,  los resultados encontrados hasta ahora son alentadores. Sin embargo, las  recomendaciones para un uso generalizado de estos ácidos grasos, en la actualidad, deben ser moderadas.

Algunos micronutrientes (vitaminas, minerales y oligoelementos) se requieren en cantidades mayores en la edad avanzada, pero estas cantidades se pueden alcanzar fácilmente dentro de un patrón dietético saludable que contenga variedad de alimentos. El magnesio, calcio y potasio,  además de ser esenciales para la vida, se sabe que están implicados en el envejecimiento biológico. La ingesta dietética de estos minerales modulan los procesos inflamatorios, estrés oxidativo, apoptosis (destrucción de células dañadas, evitando la aparición de enfermedades como el cáncer) y señalización celular, así como también el metabolismo de la glucosa. Su ingesta dietética se ha relacionado con una mejor salud cardiovascular, menor riesgo de accidente cerebrovascular e infarto de miocardio y menor riesgo de diabetes tipo 2, y de acuerdo a la evidencia emergente parece ser que también tienen un efecto protector en el deterioro cognitivo y el riesgo de demencia en la vejez.

La vitamina D y el calcio se recomiendan para prevenir la pérdida ósea y mantener la densidad ósea existente, reduciendo así el riesgo de caídas y fracturas. A medida que aumenta la edad, varios factores como el envejecimiento de la piel, la exposición limitada al sol, una dieta menos variada y los cambios en el estilo de vida afectan la capacidad de sintetizar la vitamina D. El consumo insuficiente de alimentos ricos en vitamina D, por ejemplo, pescado o productos fortificados, contribuye al bajo nivel en adultos mayores. Se recomienda que los adultos mayores (65 y +) en Europa alcancen una ingesta de calcio de 700 a 800 mg / d, mientras que la ingesta de referencia de nutrientes (RNI) para la vitamina D es de 20 μg por día para adultos mayores con capacidad reducida para sintetizar la vitamina D en la piel tras la exposición al sol. Por otra parte, la ingesta dietética de vitamina D se ha asociado de manera inversa con la presión arterial media particularmente en personas de edad avanzada (5).

La suplementación con vitamina E puede proteger contra los efectos deteriorantes del estrés oxidativo, la progresión de las enfermedades degenerativas, la respuesta inflamatoria / inmune alterada y el envejecimiento. Dicha función protectora ha sido bien documentada en estudios con animales de edad avanzada en los que se ha constatado la influencia de la vitamina E en muchos genes relacionados con la respuesta inflamatoria / inmunitaria. Sin embargo, en humanos mayores, los resultados de ensayos clínicos, son contradictorios e inconsistentes (probablemente debido a las dosis y las diversas isoformas de la vitamina E utilizados en diferentes ensayos).

El zinc es un micronutriente esencial en el sistema inmunitario. Se ha comprobado que la suplementación con zinc mejora el estado inmunológico de las personas mayores, disminuye la inflamación crónica y aumenta la resistencia a la infección.

Existe un gran interés en el uso de compuestos orgánicos de polifenol para modificar o retrasar el proceso de envejecimiento. Los polifenoles pueden alterar las concentraciones de especies reactivas de oxígeno y actuar a través de mecanismos epigenéticos. Se necesitan más investigaciones sobre las formas óptimas de uso y cómo abordar el problema de la biodisponibilidad limitada. Pueden interferir en la absorción del hierro que proviene de las fuentes vegetales.

De manera general, y de acuerdo con investigaciones recientes, el consumo por encima de la ingesta de referencia de nutrientes RNI (dosis mínima que se debe consumir de un nutriente para mantenerse sano) de proteínas, vitamina D, antioxidantes, incluidos los carotenoides, vitamina E y selenio, se asocia de manera consistente con efectos beneficiosos sobre la función física y la prevención de enfermedades crónicas en la edad avanzada.

Preferencias alimentarias en el adulto mayor

Las alteraciones de la percepción sensorial de los alimentos durante el envejecimiento, pueden inducir cambios importantes en las preferencias alimentarias de las personas mayores. Esta reducción en su capacidad para detectar sabores en los alimentos puede llevar a aumentar el consumo de alimentos con más contenido de azúcar o sal (menos saludables) para compensar su deterioro perceptivo. Sin embargo, los resultados de  estudios que analizan la calidad sensorial de este grupo de edad no son concluyentes respecto a la percepción sensorial y las preferencias de los adultos mayores (6).

Las personas de edad avanzada, en general, tienen dificultades para consumir alimentos duros, crujientes, secos y de textura fibrosa (carnes, frutas, verduras, pasta y productos de panadería) debido a la mala capacidad de masticación como consecuencia de la disminución de la fuerza muscular, los problemas dentales y las dificultades para tragar. Los adultos mayores, en general, prefieren los alimentos que pueden consumirse sin esfuerzo.

En un estudio (7) publicado en 2016 con adultos mayores de diferentes países europeos se identificaron tres estilos de alimentación diferentes con hábitos y preferencias alimentarias específicas. Dicha investigación mostró además que los adultos mayores no fueron selectivos con las frutas y verduras, aunque la selectividad de frutas y verduras fue significativamente diferente entre países.

¿Qué alimentos deben consumir los adultos mayores?

Las personas de edad avanzada deben seguir un patrón dietético que contenga  cantidades suficientes de proteínas de alta calidad (para hacer frente al desgaste muscular) y de carbohidratos complejos digeribles (para evitar que las proteínas sean empleadas como fuente de energía), que sea abundante en vitaminas y minerales, rico en fibra dietética y componentes antioxidantes, y bajo en grasas totales. La actividad física y un patrón dietético saludable ayuda a prevenir o posponer la aparición de la sarcopenia y mejora la calidad de vida de los adultos mayores.

Los patrones dietéticos que incorporan alimentos funcionales en cantidades significativas como verduras frescas, frutas, granos integrales, y que reducen el consumo de grasas saturadas y grasas trans, sodio y carbohidratos simples (azúcares), constituyen las recomendaciones nutricionales recientes para la prevención de enfermedades cardiovasculares (primera causa de muerte a nivel mundial y de mayor riesgo en personas de edad avanzada). La dieta mediterránea debido a sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y prebióticas puede contrarrestar la inflamación y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, incluidas las enfermedades cardiovasculares (8).

Para compensar la disminución del apetito y la ingesta reducida, los alimentos deben ser densos en energía y nutrientes (adecuados a las condiciones de salud), fáciles de masticar y tragar, y lo que es más importante, sabrosos. Aumentar la diversidad de alimentos, suavizar la textura (entre suave y semiduro) y que estos sean visualmente atractivos puede tener efectos positivos sobre el apetito y ayudar a mejorar la ingesta de nutrientes en personas mayores. Así mismo, intensificar el sabor de los alimentos, mediante el uso de ingredientes naturales de sabor intenso como el ajo, cebolla, albahaca, cebollino, cilantro, romero, pimentón, zumos cítricos, ayuda a amplificar las sensaciones del gusto y estimula el apetito en las personas de edad avanzada.

El conocimiento y las actitudes relacionadas con la nutrición son necesarios para favorecer los cambios en la dieta hacia patrones dietéticos más saludables. Un estudio (9) en cinco países europeos con adultos mayores de más de 65 años, mostró que un conocimiento adecuado sobre nutrición se relacionó significativamente con actitudes alimentarias más positivas, y estas a su vez se asociaron con un buen apetito. Aunque son varios los factores que influyen en el comportamiento nutricional, los conocimientos y las actitudes relacionadas con la alimentación, si bien pueden no ser suficientes, son necesarios para mejorar la calidad de la dieta en los adultos mayores.

Bibliografía

1) Giacalone D, Wendin K, Kremer S, BomFrost M, Bredie WLP, Olsson V, Otto MH, Skjoldborg S, Lindberg U, Risvik E. Health and quality of life in an aging population – Food and beyond. Food Quality and Preference. 2016 January;47(B):166-170.

2) Chrysohoou C, Georgiopoulos GA, Georgousopoulou EN. Molecular Basis of Nutrition and Aging. En: How Nutrition Affects Kidney Function in Aging. 2016.p.423-431.

3) Kwon SH, Park HR, Lee YM, Kwon SY, Kim OS, Kim HY, Lim YS.   Difference in food and nutrient intakes in Korean elderly people according to chewing difficulty: using data from the Korea National Health and Nutrition Examination Survey 2013 (6th). Nutr Res Pract. 2017 Apr;11(2):139-146.

4) Maitre I, Van Wymelbeke V, Amand M, Vigneau E,  Issanchou S,  Sulmont-Rossé C. Food pickiness in the elderly: Relationship with dependency and malnutrition. Food Quality and Preference. 2014 March;32(B): 145-151.

5) FarajI, Hossein. Dietary Intake of Vitamin D and Its Relation with Blood Pressure in the Elderly Population. Int J Prev Med. 2019 April 3;10:40.

6) Baugreet S, Hamill RM, Kerry JP, McCarthy SN. Mitigating Nutrition and Health Deficiencies in Older Adults: A Role for Food Innovation? Journal of Food Science. 2017 April;82(4): 848-855.

7) Mingioni M, Mehinagic E, Laguna L, Sarkar A, Pirttijärvi T, Van Wymelbeke V, Artigas G, Chen J, Kautola H, Järvenpää E, Mäenpää T, Tahvonen R, Grabska-Kobylecka I, Maitre I. Fruit and vegetables liking among European elderly according to food preferences, attitudes towards food and dependency. Food Quality and Preference. 2016 June;50: 27-37.

8) Tyrovolas S, Haro JM, Foscolou A, Tyrovola D, Mariolis A, Bountziouka V, Piscopo S, Valacchi G, Anastasiou F, Gotsis E, Metallinos G, Papairakleous N, Polychronopoulos E, Matalas AL, Lionis C, Zeimbekis A, Tur JA, Sidossis LS, Panagiotakos DB. Anti-Inflammatory Nutrition and Successful Ageing in Elderly Individuals: The Multinational MEDIS Study. Gerontology. 2018;64:3-10.

9) Jeruszka-Bielak M, Kollajtis-Dolowy A, Santoro A. Are Nutrition-Related Knowledge and Attitudes Reflected in Lifestyle and Health Among Elderly People? A Study Across Five European Countries. Front Physiol. 2018 Jul 31;9:994.

 

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